miércoles, 30 de enero de 2013

Escritores famosos y su relación con el alcohol y las drogas.

"Soy católico y no puedo cometer suicidio, pero tengo la intención de beberme a mí mismo hasta morir". Jack Kerouac
 
Larga es la lista de escritores que fueron tan famosos por sus obras literarias como por su afición al alcohol y/o las drogas. Estos son algunos de ellos y algunas anécdotas relacionadas con sus adicciones.
No encontraréis aquí referencias bibliográficas: las encontraréis, si queréis, en guguel.
A todos ellos, en todo caso, #recomiendoleer 

• (Edit: algunos amables lectores reclaman la presencia de algún otros autores destacados, como Bukovski o Malcom Lowry. Por aclamación, los incluimos también)
• (Edit2: Actualizado con Ray Bradbury)


Ernest Hemingway

Photo: Apic/Getty Images
Jan 01, 1950
Solía burlarse de sus colegas escritores que buscaban alivio a su propio
alcoholismo. George Plimpton, periodista, escritor y editor, dijo que, al final de su vida,
el arruinado hígado de Hemingway sobresalía de su barriga "como una sanguijuela larga y gruesa".



William S. Burrouhgs:

Photo: Evening Standard/Getty Images
Jan 01, 1965

"La heroína no es, como el alcohol o las malas hierbas, un medio para aumentar el disfrute de la vida. Es una forma de vida".  

Burroughs dejó de consumir en los años 70, después de décadas de uso casi constante.


William Faulkner:

Photo: Alfred Eriss/Time & Life Pictures/Getty Images
Jan 01, 1943

Siempre se ha dicho que Faulkner tuvo un serio problema de alcoholismo durante toda su vida, pero él mismo declaró en varias ocasiones -corroborado por miembros de su familia, prensa y amigos en diferentes periodos a lo largo de su carrera- no bebía mientras escribía, ni tampoco el alcohol contribuyó a alimentar su proceso creativo.  
En la actualidad se cree que Faulkner utilizaba el alcohol como "válvula de escape" de las presiones del día a día. 


Tennesse Williams:

Photo: Gjon Mili/Time & Life Pictures/Getty Images
Jul 01, 1963

Acaso su obra más famosa, "La gata sobre el tejado de zinc", incluía muchas referencias a elementos autobiográficos, como la homosexualidad, la inestabilidad mental y alcoholismo.
Escribió en cierta ocasión: "El odio es una cosa, un sentimiento, que sólo puede existir donde no hay entendimiento"
 



F. Scott Fitzgerald:

Photo: Hulton Archive/Getty Images
Jan 01, 1925

Fitzgerald se hizo alcohólico durante su época universitaria, y se hizo famoso durante la década de los 20 por su consumo extraordinariamente elevado. A finales de los 30 su salud ya se había deteriorado definitivamente.
 
"First you take a drink, then the drink takes a drink, then the drink takes you."


Jack Kerouac:

Photo: John Cohen/Getty Images
Jan 01, 1959
 
"Soy católico y no puedo cometer suicidio, pero tengo la intención de beberme a mí mismo hasta morir".  
Y lo hizo. Su muerte, a la edad de 47 años, fue el resultado de una hemorragia interna causada por la cirrosis del hígado, resultado de toda una vida de consumo excesivo de alcohol.


Philip K. Dick:

Photo: Nicole Panter
Feb 08, 2010

En cierta ocasción declaró a Rolling Stone que todas las novelas que escribió antes de 1970, lo había hecho bajo los efectos del Speed. 


Edgar Allan Poe:

Photo: Hulton Archive/Getty Images
Jan 01, 1849

Hay quien dice que Poe no era alcohólico per se, sino una persona con mucha sensibilidad al alcohol
La causa de su muerte no está clara y se ha atribuido a numerosos motivos: alcohol, el cólera, las drogas, las enfermedades del corazón, la rabia, suicidio, tuberculosis…
Dice al respecto Julio Cortázar:
"Se ha dicho que Poe, en los períodos de depresión derivados de una evidente debilidad cardíaca, acudía al alcohol como un estimulante imprescindible. Apenas bebía, su cerebro pagaba las consecuencias. Este círculo vicioso debió cerrarse otra vez a bordo durante la travesía a Baltimore. Los médicos le habían asegurado en Richmond que otra recaída sería fatal, y no se equivocaban"


 Dylan Thomas:

Photo: Hulton Archive/Getty Images
Jan 01, 1950

Cuenta la leyenda que una noche regresó al Hotel Chelsea en Nueva York después de una juerga en su bar favorito, el The White Horse Tavern en el Greenwich Village de Manhattan, alardeando: "Me he bebido 18 whiskies seguidos; creo que es un récord".
 
Hay quien asegura que es cierto, otros que no, mientras que otros desean que fuera cierto, pero no tienen ninguna prueba.  

De todos modos, Thomas era un bebedor empedernido.

"Un alcohólico es alguien que no te gusta, porque bebe tanto como tú"

Un 5 de noviembre, Dylan Thomas estaba bebiendo unas cervezas con Liz Reitell en el White Horse cuando empezó a sentirse mal. Entró en coma y murió cuatro días después.  


Truman Capote:

Photo: Slim Aarons/Getty Images
Jan 01, 1970

Mientras escribía "A sangre fría, se tomana un martini doble antes del almuerzo, otro durante el almuerzo y una "espuela" después.

"Soy alcohólico. Soy Drogadicto, soy homosexual. Soy un genio"


Charles Bokovski:

Photo: Joan Gannij/Getty Images
Jan 01, 1976

Los abusos físicos y verbales de su tiránico padre le condujeron a la bebida a los 13 años, iniciando así un largo romance con el alcohol.

Como ha dicho un amable comentarista anómino:
Bukowski, siendo mas o menos fino a la hora de escribir, expresaba sentimientos que nos son comunes a millones de humanoides. Leer a Bukowski es una bofetada de realidad, abrumadora y terrorífica. 
"Tengo la sensación de que el consumo es una forma de suicidio que te permite volver a la vida y empezar de nuevo cada día. Es como matarse a uno mismo para volver a renacer. Creo que he vivido unas diez o quince mil vidas hasta ahora."


Malcom Lowry:


Comentario de kikuyu, que merece ser la reseña: "Echo de menos en la lista a Malcolm Lowry, ebrio consuetudinario y autor de la novela que quizá refleje mejor el descenso a los infiernos de la mano del alcohol, Bajo el volcán."

Luchó toda la vida con el alcohol y acabó perdiendo la batalla al morir con menos de 50 años.


Ray Bradbury:



"Tengo tres reglas para vivir. La primera, haz tu trabajo. Si esto no funciona, calla y bebe ginebra. Y cuando todo lo demás falla, ¡corre como el demonio!



Quizá también os interese echar un vistazo a "Meclados y agitados. Algunos escritores y sus cócteles".
 
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Bibliografía:

• La lista es más larga, y podéis verla en su versión original en inglés descargando el pdf que publicó la revista LIFE
Top 15 great alcoholic writers
chagalov. tumblr.com 

jueves, 24 de enero de 2013

¿Qué traman las Bibliotecas?

- ¿Ves ese edificio de ahí? Es la Biblioteca.

- Si quieres tomar prestado un libro, solo tienes que ir ahi, decirles cuál quieres y te lo dejan llevar a casa.

- ¿Gratis?

- ¡Completamente gratis!

- Te hace pensar qué estarán tramando
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Viñeta de Charles Schulz

martes, 15 de enero de 2013

Mezclados y agitados. Algunos escritores y sus cócteles

"Más libros de los que podemos imaginar comenzaron en la barra de un bar, crecieron en la sobremesa e, incluso, cuajaron en la resaca. La relación de los libros con el alcohol va más allá de la afición de sus autores por los destilados: la mejor literatura ha surgido, siempre, de la decantación reposada de una idea, de la fermentación de un estilo. ¿Qué mejor modo de comprender lo que se produce en la coctelera de un escritor que tomarse unas copas con él?"

En Mezclados y agitados, de Antonio Jiménez Morato, podrán contemplar a 39 escritores y otros tantos cócteles que sirven para mostrar el perfil y la obra literaria de los autores y la relación de ambos con las bebidas alcohólicas.

La creación literaria "no está más relacionada con el alcohol que el resto de las labores del ser humano", si bien como droga "potencia la creatividad porque desinhibe nuestras mentes".

- Djuna Barnes, escribió "El bosque de la noche" a golpe de alcohol en un palacete que llegó a llamarse "hangover hall" (mansión de la resaca);
- Charles Baudelaire, amante del "hada verde" (absenta) como todos los bohemios o poetas malditos de su generación.

A algunos, la obsesión se les fue de las manos:
- Truman Capote no escondió su adicción al alcohol y definió su profesión como "un largo paseo entre copas"; 
- a Raymond Carver su alcoholismo le creó "mucho sufrimiento"; 
- para John Cheever el alcohol fue "una obsesión".

Otros se encuadran en la categoría de bebedores sociales:
- Gabriel García Márquez
Juan García Hortelano
- Jaime Gil de Biedma
- Juan Marsé, mientras que

Otros son abstemios "o, al menos, no beben en público", como Javier Tomeo.

También podremos contemplar el protagonismo que la bebida o las tabernas han tenido en sus obras literarias:

Mario Vargas Llosa: "en casi todas las novelas y en muchos de los cuentos" aparecen bares, hasta el punto de que su libro "Conversación en La Catedral" toma el nombre de uno de ellos.
Mirko Laver se presenta con un gran captador de la vida de los bares de Perú;
- Manuel Vázquez Montalbán es el único de todos los autores invitados a esta "fiesta" que escribió una obra sobre la bebida, "Beber o no beber", aparte de las lecciones gastronómicas y vinícolas que transmitió a través de su personaje Pepe Carvalho.

A cada autor le corresponde un cóctel, describe su historia y explica su receta, por lo que el lector también puede degustar sus páginas maridándolas con un B-52, un bellini, un manhattan, un old fahsioned o un tequila macho.

Esta es la nómina de autores y sus cócteles. 

Hemos añadido a cada autor y a cada cóctel un enlace (acaso el mayor mérito de este apunte) que les permitirá aproximarse a las figuras de aquéllos y a las características de éstos.

Las últimas páginas están dedicadas a una guía de cristalería y utensilios y a una relación de lecturas recomendadas de cada autor. Pero si quieren saber más, tendrán que leer el libro. Opción que les recomiendo encarecidamente.
Cóctel Margarita

César Aira: el Old Fashioned

Djuna Barnes: el B-52

Jorge Barón Biza: el Soplado Cordobés

Charles Baudelaire: el Sazerac

Saul Below: el cóctel de Champán

Roberto Bolaño: El Charro Negro

Luis Buñuel: El Dry Martini

Guillermo Cabrera Infante: el Mojito

Truman Capote: el Destornillador

Alejo Carpentier: el Daiquiri

Raymond Carver: el Boilermaker

Raymond Chandler: el Gimlet

John Cheever: el Manhattan

Julio Cortázar: el Cubalibre

Fiódor Dostoievski: el Ruso Blanco

Marguerite Duras: el Negroni

William Faulkner: el Julepe de Menta 
William Faulkner,
por Aurelio Lorenzo Pérez

Francis Scott Fitzgerald: el Gin Rickey

Fogwill: el Calimocho

Juan García Hortelano: el Cuello de Caballo


Gabriel García Márquez: el Añejo Highball 

Jaime Gil de Biedma: El Sol y Sombra

Ernest Hemingway: el Papa Doble

Julián Herbert: el Kamikaze

Mirko Lauer: el Capitán

Malcom Lowry: el Bloody Mary

Thomas Mann: el Bellini

Juan Marsé: el French 95

Juan Carlos Onetti: el Martínez

Dorothy Parker: el Algonquín

Fernando Pessoa: el Porto Flip

Julio Ramón Ribeyro: el Pisco Sour

Joseph Roth: el Dubonnet

Juan Rulfo: el Margarita

Javier Tomeo: el Café Irlandés

César Vallejo: el Pisco Beer

Mario Vargas Llosa: el Chilcano

Manuel Vázquez Montalbán: el Singapur Sling

Josefina Vicens: el Tequila Macho



Disfruten de este buen cóctel, entre copas y letras.

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De la contraportada del libro:

Más libros de los que podemos imaginar comenzaron en la barra de un bar, crecieron en la sobremesa e, incluso, cuajaron en la resaca. La relación de los libros con el alcohol va más allá de la afición de sus autores por los destilados: la mejor literatura ha surgido, siempre, de la decantación reposada de una idea, de la fermentación de un estilo. ¿Qué mejor modo de comprender lo que se produce en la coctelera de un escritor que tomarse unas copas con él?

De Dostoievski a Tomeo, pasando por Baudelaire, Hemingway, Pessoa o Dorothy Parker, este libro es una fiesta en la que, entre copas y letras, como está mandado, se reúnen  escritoras y escritores brillantes y exóticos, simpáticos o aburridos, bebedores incorregibles y abstemios recalcitrantes para hablarnos de todo tipo de espirituosos a través de su vida y de sus obras. Todo ello acompañado de la receta de numerosos cócteles y combinados con los que extender la celebración más allá de  la lectura.

Mezclados y agitados es, en fin, un paseo zigzagueante y desenfadado por el lado menos frecuentado de la literatura, para disfrutarla sorbo a sorbo.

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• Antonio Jiménez Morato. Mezclados y agitados. Algunos escritores y sus cócteles. Ed. Debolsillo. Madrid 2012.
Ilustraciones de Aurelio Lorenzo Pérez.
También disponible en epub.
Reseña de Mezclados y agitados de la agencia EFE.

viernes, 11 de enero de 2013

Alma Máter designa a la Universidad, no otra cosa

Ninguna persona  puede ser el Alma Máter de nada. Alma Máter designa a la Universidad, no al impulsor de una iniciativa o al inspirador de un proyecto.

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El "alma mater" de Syriza ataca a Tsiripas y pide perdón por el acuerdo con el Eurogrupo"


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"No dejar muy en evidencia que tú eres el alma máter del asunto (…) De esta manera dejas de aparecer como el impulsor…"



Es un error muy común asociar la expresión latina Alma Máter con el inspirador o impulsor de un proyeto o iniciativa; o con la persona promotora de una iniciativa a la que se le reconoce ese mérito.

Alma máter designa a la Universidad.

Lo explica perfectamente el Diccionario Panhispánico de Dudas, en su entrada sobre la expresión Alma Máter:

1.- Locución latina que significa literalmente ‘madre nutricia’.

Se emplea, como locución nominal femenina, para referirse metafóricamente a una universidad, aludiendo a su función proveedora de alimento intelectual:
«Constituí una “Asociación de Amigos de la Universidad de Madrid”, cuyo fin principal era la ayuda moral y material a nuestra alma máter» (Laín Descargo [Esp. 1976]). 

Desde el punto de vista etimológico, lo más correcto, y también lo más recomendable en el uso culto, es decir la alma máter, y no el alma máter, ya que la palabra alma es en latín un adjetivo, no un sustantivo, y el artículo la únicamente se transforma en el ante sustantivos femeninos que comienzan por /a/ tónica

2.- Es impropio, aunque frecuente hoy, el uso de esta locución con el sentido de ‘persona que da vida o impulso a algo’:
«Es el gerente y alma máter del mayor proyecto empresarial organizado nunca por un sindicato español» (Cambio 16 [Esp.] 5.11.90). 

Este uso impropio se debe a la confusión entre el adjetivo latino alma (fem. de almus ‘que nutre o alimenta’) y el sustantivo español alma (del lat. anima). Al considerar erróneamente la palabra alma como un sustantivo, se antepone en estos casos la forma el del artículo.


En wikipedia añaden un párrafo que ilustra el origen de la expresión para referirse a la Universidad:
La locución era usada en la Antigua Roma para describir a la diosa madre y, más tarde, a la Virgen María, pero el origen de su uso actual es el lema Alma Mater Studiorum («madre nutricia de los estudios») de la universidad más antigua del mundo occidental en funcionamiento ininterrumpido: la Universidad de Bolonia, fundada en 1088. 
La locución pasó a muchas lenguas modernas con el significado de "academia" en el sentido de comunidad científica.

Espero que haya quedado suficientemente claro para periodistas, periodistos, blogueros, becarios, redactores, todólogos, tertulianos, presentadores y demás gentes de mal hablar y peor comunicar.

Y luego se preguntan ¿para qué sirve hoy el latín?

miércoles, 9 de enero de 2013

No diga "loguearse"; diga…

El uso de los términos "loguearse" o "desloguearse" está muy extendido con el sentido que ya (casi) todo el mundo conoce. Pero: ¿son correctos en castellano?

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He oído y leído algunas críticas por la utlización de los términos "loguearse / desloguearse"en el sentido de "abrir alguien su acceso en línea desde un terminal a un servidor, especialmente a una base de datos o a otro sistema compartido"; o el de "estar logueado", para referirse a mantener abierto ese acceso.

Son términos que resultan cómodos porque permiten hablar "el mismo idioma" que amigos, proveedores, clientes… para referirse a una situación o acto concretos. Pero: ¿son correctos en castellano?

Veamos.

Como viene siendo habitual en las últimas décadas (siglos, diría) el castellano no crea apenas neologismos en los terrenos tecnológico o científico. Así que tiene que importarlos.

En parte, por el secular atraso patrio en estas parcelas; en parte, porque el inglés se ha convertido en la lengua "oficial" para ciencia y tecnología (como lo fue el latín en su momento) habida cuenta de que es en el mundo anglosajón donde se han venido produciendo los mayores avances en estos terrenos desde la revolución industrial, si no antes.

Creo que desde "pronunciamiento"o "bandolero", el castellano no ha exportado una palabra privativa de nuestro idioma. Washington Irving, en sus Cuentos de la Alhambra, usa en castellano estos términos y otros más folclóricos y pintorescos.

A esto habría que añadir que los castellanoparlantes solemos ser bastante vagos a la hora de usar nuestra propia lengua y abrazamos inmediatamente con la fe del converso cualquier nuevo término inglés aunque exista un equivalente castellano. 
Aún diría más; solemos ser más papistas que el propio papa a la hora de defender esos términos en su ortografía inglesa antes que aceptar su adaptación fonética al castellano, como ocurrió con fútbol, por ejemplo. Qué no se habrá oído sobre cederrón

Lo cierto es que le envié una consulta a la RAE a su Formulario de Consultas Lingüísticas para que me sacaran de dudas:

¿Existe en castellano un término equivalente en su sginficado al Log in inglés? ¿Se ha castellanizado este término de alguna forma?

Como siempre, la respuesta de la RAE no se hace esperar. Al día siguiente recibo la siguiente respuesta:
No ha prosperado en la lengua culta general el calco*  Äloguear (ni su participio,  Älogueado) a partir del tecnicismo inglés log in, que designa la acción de ‘abrir alguien su acceso en línea desde un terminal a un servidor, especialmente a una base de datos o a otro sistema compartido’ [trad. de la definición que ofrece el Oxford English Dictionary].
En español, lo normal es emplear en su lugar términos como registrar(se), conectar(se), entrar o iniciar sesión, según los casos.


Reciba un cordial saludo.  
_______
Departamento de «Español al día» 
Real Academia Española
Nota: El símbolo Ä precede a las formas o usos incorrectos o desaconsejables según la norma culta del español actual.


(* Calco: 5. m. Ling. Adopción del contenido semántico de una palabra o expresión extranjera, traduciendo su significado mediante unidades lingüísticas propias de la lengua de recepción; p. ej., banco de datos es un calco del inglés data bank.)

A los ya mencionados registrar(se), conectar(se), entrar o iniciar sesión, yo añadiría el bastante utilizado identificar(se) y los habituales salir, cerrar sesión o desconectarse.

Cualquiera es válido, porque define adecuadamente la acción que hay que realizar y las implicaciones que conlleva.

Ya sé que es solo cuestión de tiempo que el uso extendido de los términos Log in y Log out acabe por dar origen a sus castellanizaciones loguearse o desloguearse, como ya ha ocurrido con otras voces.

Pero mientras eso sucede -o no- creo que no estaría de más hacer el esfuerzo de usar los términos castellanos existentes que ya son capaces de definir adecuadamente la expresión inglesa.

Hablando de traducciones

martes, 8 de enero de 2013

La pesadilla de las traducciones

Traductores supuestamente avezados, traductores de renombre, no conocen el idioma del que traducen, o no conocen el idioma al que traducen; ignoran palabras, que no se molestan en buscar en el más vulgar de los diccionarios, donde las encontrarían (porque yo las encuentro); ponen en negativo frases positivas o a la inversa, se saltan párrafos enteros.

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"Una de las pesadillas de editor eran y son las traducciones.
Dos observaciones previas. Una obvia: existen buenísimos traductores (yo conozco pocos) para los que no vale cuanto voy a decir. Otra sorprendente: las traducciones se pagan, es cierto, mal, pero, contra todo pronóstico, no hay relación alguna entre precio y calidad.

"Con Miguel Delibes, en el campo, a la hora de la siesta: 
un momento de paz casi perfecto".
La fotografía la hizo Oriol Maspons. Sedano, Burgos 1961
El buen traductor ocasionalmente mal pagado sigue haciendo (supongo que no puede evitarlo) un buen trabajo, y el mal traductor sigue produciendo bodrios aunque se los pagues a precio de oro.

Lo cierto es que el pequeño editor, sobre todo en su inicios, se encuentra la mesa atestada de traducciones impublicables.

El pequeño editor suele ser demasiado pobre para encargar obras nuevas (y demasiado tímido para negarse a abonar las que le han entregado), y tiene que recurrir a un revisión. Es el trabajo peor retribuido y más ingrato que conozco. Es durísimo, permanece anónimo y queda siempre, siempre, mal.

Ante la posibilidad de dárselo a un incauto (si das con uno, no reincide jamás), el pequeño editor se lleva el original a su casa.

Y empieza una pesadilla, que sigo recordando años después como una enfermedad. (No se trata de un problema solo mío, pues he visto a editores amigos, como Jorge Herralde o Beatriz de Moura, vivir, en sus inicios, trances parecidos).



Traductores supuestamente avezados, traductores de renombre, no conocen el idioma del que traducen, o no conocen el idioma al que traducen; ignoran palabras, que no se molestan en buscar en el más vulgar de los diccionarios, donde las encontrarían (porque yo las encuentro); ponen en negativo frases positivas o a la inversa, se saltan párrafos enteros.

Y cuanto peor es el traductor más se obstina en corregir al autor, en mejorar el texto original: explica lo que en éste no se explica, cambia una puntuación insólita, una adjetivación audaz, por otras adocenadas. Elude traducciones que podrían ser perfectamente literales por otras plagadas de casticismos (alguien le debe haber dicho que la traducción debe sonar como si el libro hubiera sido escrito directamente en castellano, sin advertirle que que Flaubert o Joyce no son Baroja, ni Rimbaud tiene mucho que ver con Machado).


Y, sobre todo, las malas traducciones están plagadas de que llamo "frases imposibles", frases que a nadie jamás, ni en un arrebato de locura, se le ocurriría decir. Frases que nadie ha dicho nunca. Bastaría que el traductor las leyera una sola vez en voz alta, escuchándolas, para comprobar que no podía utilizarlas".

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Esther Tusquets; Confesiones de una editora poco mentirosa. Editorial RqueR. Madrid 2005.

Esther Tusquets falleció el 23 de julio de 2012.

Escúchenla en una entrevista para CervantesTv.es
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