miércoles, 25 de febrero de 2015

¿Están los lectores a la altura de lo que leen?

Los autores nunca están a la altura de su obra; bien porque de mezquinos egos han salido obras maestras, bien porque excelentes personas alumbran obras mediocres. Pero hay lectores que tampoco están a la altura del libro que leen; y cuando esto sucede es para mal.

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Nunca he podido enfadarme con alguien mientras lee, aunque esté haciendo dejación de sus funciones, porque el solo acto de abrir un libro y adentrarse en sus páginas y, a poder ser, comprender el mensaje que encierra, merece mi mayor respeto en estos tiempos de lecturas fragmetarias, apresuradas e interesadas.

Tras un libro, sea de la naturaleza que sea, se esconde un diálogo con otra inteligencia. Y la relación ente el lector y el autor es íntima, intransferible, irreal en parte, estimulante siempre.

En general opino que los autores nunca están a la altura de su obra; bien porque de mezquinos egos han salido obras maestras, bien porque excelentes personas alumbran obras mediocres.
Por desgracia, los primeros pueden dar a luz a las segundas, aunque es más extraño que las primeras sean obra de los segundos.
Pero es que todos mostramos una cara distinta en función de si estamos representando al personaje que nos hemos creado para nosotros mismos o de si estamos en la intimidad de los quehaceres cotidianos.

Pero… ¿están los lectores a la altura de lo que leen?

Todo escritor establece una barrera intelectual inicial para seleccionar a sus lectores. El lenguaje, la trama, las referencias veladas, la estructura narrativa, la voz del narrador, los personajes anticlimáticos… nunca son casuales. El autor exige a su lector que sea capaz de sortear esos obstáculos de forma que tenga que incorporar todo su propio bagaje cultural para comprender la obra en toda su extensión.
Y cuánto mayor es éste, mejor es la experiencia lectora.

Eso no quiere decir que sea esta la fórmula del éxito. Al contrario; son legión los leedores que abandonan a las primeras de cambio, incapaces de adentrarse en las procelosas aguas surgidas de la pluma de un vate audaz o de un abstruso escribidor.

Y no es menos cierto que la malla de la red que tiende el autor a veces es tan grosera que permite el paso de ruedas de molino o de camellos en el ojo de la aguja lectora.

Los lectores son soberanos, faltaría más, para hacer los juicios de valor que consideren oportunos respecto de los libros que leen. Gustar o no gustar es subjetivo así que no es posible la unanimidad. Afortunadamente existen los críticos (los buenos críticos, no los egos pagados de sí mismos) que son capaces de desbrozar la maleza y miran el bosque a través de los árboles.
Y sí;  a veces el crítico eleva una obra a los altares o la condena al infierno dantesco, en el sentido literal y literario.
Pero es que lector y crítico no son más que la misma cara de un desdoblamiento de personalidad.

Así como los autores no suelen dejar los destinos de sus obras al capricho del azar, también los lectores deben seleccionar sus lecturas y contrarrestar la aureola de infalibilidad que rodea a los creadores.
De hecho, éstos no existirían sin aquéllos.

Después de haber estado durante un rato "reflexionando fuera del recipiente", en aplicación directa del filtro selectivo que antes les expliqué, pasaré a relatarles el suceso que ha motivado esta disertación.

Acudo a la biblioteca y pido un libro en préstamo. Se trata de un ensayo de un conocido editor y periodista que "indaga sobre la cara más oculta de los creadores, por saber de sus inquietudes, sus ambiciones, angustias y obsesiones".

Independientemente del estilo o de la afinidad con el autor, se trata de un relato en primera persona, basado en experiencias directas y personales sobre toda una vida dedicada a la literatura desde el lado del editor y del crítico.

Pero el libro esconde una desagradable sorpresa: está plagado de anotaciones "de puño y letra" de algún lector anterior; anotaciones cuajadas de juicios de valor, de opiniones personales, de reproches al fondo y a la forma de la narración.

El incotinente anotador ha jugado a ser copista medieval, aplicado en la tarea de expurgar la obra que copia dejando sus opiniones e interpretaciones personales en los márgenes del texto.

Y no contento con todo la anterior, se ha permitido el lujo de tachar algunos párrafos que considera erróneos o con los que, simplemente, no está de acuerdo.

No solo se trata de una felonía hacia un libro público que quedará definitivamente impregnado del tufo del "censor" sino que consigue interrumpir la lectura constantemente con sus observaciones engreídas, petulantes y superficiales.

Desprende este ejercicio "desparasitador" un inevitable efluvio reaccionario, castrador y proselitista; un combate autor-lector que se desarrolla en el cuadrilátero equivocado: allí donde la pataleta queda grabada pero que solo quedará en rabieta anónima y secreta; una voz clamando en el desierto cuyo eco es un absurdo discurso vacuo.

En fin; que los autores pueden no estar a la altura de su obra pero muchos lectores tampoco lo están. Porque no han entendido nada.

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Edito: Si eres un felón que comente este tipo de tropelías, con gusto escucharemos tus motivos.

viernes, 20 de febrero de 2015

¿Por qué se dice que nos "orientamos" si es el norte el punto de referencia?

Si nos colocamos en una determianda posición respecto a los puntos cardinales se dice que nos orientamos; o si en los mapas utilizamos el norte como punto cardinal de referencia, se dice que lo orientamos.

Pero, en realidad, los mapas no se orientan; no señalan a oriente sino al norte. ¿Por qué, entonces, hablamos de orientación y no de "nortación"?

Pues por "culpa" de San Isidoro de Sevilla y de Beato de Liébana, en la alta Edad Media.

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Todos estamos familiarizados con los mapamundis. Hemos visto muchos, de muchos tipos. Pero todos tienen algo en común: el norte está en la parte superior.

Puede que los países del hemisferio sur no estén muy de acuerdo con esta disposición, pero como entraron en la historia mucho más tarde que los del hemisferio norte, fueron éstos los que decidieron cómo dibujarlos.
 
No hay que olvidar que la Estrella Polar ya se usaba desde la antigüedad para la orientación, tanto marítima como terrestre, y que está situada en el norte de la esfera celeste según se mira; y la brújula, también inventada en el hemisferio norte, señala al norte. Así que no es de extrañar que fuera ese punto cardinal el elegido para presidir los mapas.

Pero esto no siempre ha sido así.

Primer mapamunid conocido.
Tablilla babilónica. Ss. V-VII a.C.
Si echamos un vistazo a la historia de los mapas antiguos veremos que desde el mapamundi más antiguo que se conoce -grabado en una tablilla Babilónica del siglo VI a.C.-, el norte ya aparece representado en la parte superior.

Los griegos también representaban el norte en la parte superior.

Mención especial merece Eratóstenes, en el siglo III a.C., que no solo dedujo que la superficie de la Tierra es curva, sino que midió con mucha exactitud la longtud del meridiano terreste comparando los ángulos que formaban las sombras de sendas estacas clavadas en Siena (actual Assuán, en el trópico y, por la tanto, sin sombra) y en Alejandría, situada en el mismo meridiano, ochocientos kilómetros más al norte. La medición la realizó el mismo día a la misma hora: 22 de junio (solsticio de verano) a la misma hora (mediodía).

Eratóstenes midió las diferencias en los ángulos de inclinación de ambas estacas: unos 7º, o sea más o menos la 50ª parte de una circunferencia, que, como todo el mundo sabe, tiene 360º; y conocía la distancia entre ambas cidades. Así que calculó que la circunferencia terreste debía ser de unos 40.000 km. Un cálculo correcto.

Nadie mejor que Carl Sagan para explicarlo.



Aunque uno de sus seguidores, Posidionio de Rodas, siglo y medio después, se pasó de listo al rehacer los cálculos y redujo en una cuarta parte la medida, situándola en unos 28.000 km. Este error duró más de 15 siglos hasta que Cristóbal Colón, que se fiaba de los datos de Posidonio, emprendió un viaje "en dirección contraria" en busca de las Indias Orientales y se topó con un nuevo continente.

De haber leído a Eratóstenes, otro rumbo habría seguido u otro destino habrían seguido los descubrimientos.

En la Edad Media europea el rigor científico y cartográfico brillaba por su ausencia; es más, los mapas de aquella época no tienen ningún valor como medios de guía, aunque sí como documentos históricos y culturales.

Una de las concepciones cartográficas que se utilizaban en aquella época era la llamada Isidoriana, llamada así por Isidoro de Sevilla, "que describe una tierra plana, tripartita y circular en la que toda la ecumene, la tierra habitable, se ajusta a los tres continentes conocidos".

Como se puede apreciar, este mapamundi no tiene el norte en la parte superior de la hoja, sino el este.
Este tipo de representación es la que servirá de inspiración para los mapamundi de los Beatos.

Los Beatos eran unos códices medievales que reproducían los Comentarios al Apocalipsis de San Juan, atribuidos a Beato de Liébana.

Uno de esos códices del Beato aparece en la misteriosa biblioteca de cierta abadía medieval italiana en la que tuvieron lugar ciertos luctuosos sucesos y que Fray Guillermo de Barkerville tan audazmente desenmascaró.
Si han leído "El nombre de la rosa" sabrán a qué me refiero.

El éxito de esta obra de Beato de Liébana fue enorme en su época y se hicieron numerosas copias manuscritas, la mayoría de las cuales fueron "iluminadas" con brillantes miniaturas, dibujos e ilustraciones.

Entre estas ilustraciones, algunos de los manuscritos contienen mapas que ilustran el pasaje de la obra:
"en el que se divide el orbe entre los apóstoles adjudicando a cada uno de ellos la parte del mundo que les corresponde evangelizar.
El pasaje dice textualmente: "Haec est ecclesia per universum orbem dilata", (Esta es la iglesia difundida por el orbe universal)".
Códice del Beato de Saint Sever año 1050-1060.
Conservado en la BNF
Todos los mapamundis conservados en las diferentes copias de los Beatos tienen la misma distribución de países y continentes, lo que supone que todos proceden de un mismo original, que no se ha conservado.

En la Alta Edad Media se tenía un conocimiento geográfico muy limitado y muchos de los trabajos clásicos se habían perdido o no gozaban de la suficiente distribución.

Así que en aquella época se pensaba que la tierra era un círculo plano, rodeado de agua, cruzado por los ríos principales que ya mencionó San Isidoro y cubierto por la bóveda celeste.

Y aquí es cuando llegamos a la respuesta a la pregunta del título del apunte.

Según la concepción Isidoriana, los mapas estaban "orientados"; es decir, oriente es el punto cardinal fundamental situado en la parte superior del mapa.

Esta costumbre perduró hasta los siglos XIV y XV a partir de los cuales se abandonó esta proyección cartográfica tan "religiosa" y la ciencia y la observación comenzaron poco a poco, y definitivamente, a abrirse camino.

Y así es cómo ha llegado hasta nuestros días la convención lingüística de que los mapas, en vez de estar nortados, están orientados.
Y todos nosotros nos orientamos aunque para hacerlo no busquemos ni miremos al este sino al norte. 
Y la orientación no significa tener el este como punto de referencia, sino el norte.

Ya les he dicho que en el hemisferio sur no están muy satisfechos con la "orientación" al norte de los mapas y los autralianos han realizado su versión alternativa.

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Para saber más:
Historia de los mapas antiguos, de donde están sacadas las imágenes antiguas.
The Flat Earth Society.

martes, 17 de febrero de 2015

Las vocales también son gente

Pocos aspectos de la gramática son más sencillos en castellano que la formación del plural. Sin embargo, pocos plurales se pronuncian tan mal como los de las vocales.
Las vocales también son gente. No hieras su sensibilidad y usa bien su plural.

las vocales también son gente

El número es una propiedad gramatical característica de los sustantivos, los pronombres, los adjetivos, los determinantes (en el sentido amplio, que abarca los cuantificadores) y los verbos. Se presenta en dos formas: singular y plural.  

El plural aparece marcado generalmente por los morfemas -s o -es.

En roman paladino, y resumiendo mucho, el plural se forma añadiendo -s  a las palabras que terminan en vocal y -es a las que terminan en consonante.

Es verdad que hay bastantes excepciones a estas normas, como las palabras que terminan en -s y no son plurales o palabras que carecen de plural, como nada o alguien.
Y también hay casos en los que la pluralidad la expresa la concordancia o un numeral: llegaron ocho personas; los sustantivos colectivos, como ejército; o aquellos que indican un clases o tipos de seres: el lobo es un animal carnívoro.
Y, cómo no mencionarlos, también están los casos particulares de Pluralia tántum y Singularia tántum, dos casos especiales en la formación del plural.

Si quieren saber todas las reglas generales de formación de plural en español y todas las variantes posibles, les invito a que consulten el Manual de la Nueva Gramática de la Lengua Española, que tuvo a bien publicar la RAE, capítulo 3, o este enlace.

Pero para el caso que nos ocupa, vamos al grano.

Las vocales son sustantivos. Pero no se les aplica la misma norma de formación del plural que a todos los demás y sí las normas ortográficas que rigen para el resto de las palabras, en lo referido a diptongos y hiatos.

Así que a las vocales, a pesar de terminar en vocal, se les añade -es para formar su plural.
Sencillo ¿no?

singular                plural 
a                            aes 
e                            es / también ees, aunque se simplifica la doble -e
                                    (siempre hay una excepción que confirma la regla)

i                             íes 
o                            oes 
u                            úes

¡Ah! Y tuvistes no es el plural de la tercera persona del singular del pretérito perfecto simple del verbo tener.

Las vocales también son gente. Respétalas.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Leyendo en braille con los labios

La imagen retrata a un chico italiano, ciego y mutilado, leyendo braille con sus labios.
Fue tomada hacia 1945 en un convento de Roma que atendía a niños abandonados o huérfanos durante la Segunda Guerra Mundial.

Entre esta y la siguiente hay apenas 10 años de distancia. Fueron realizadas por la misma persona y muestran no solo dos realidades diametralmente opuestas sino la evolución personal y profesional de su autor y de la sociedad que retrató.

Niño italiano ciego leyendo braille con los labios. 1945. Foto Slim Aarons

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Slim Aarons fue un fotógrafo estadounidense, conocido por retratar a la alta sociedad y a las celebridades del momento.

Una de sus fotos más famosas es la que recoje a los Reyes de Hollywood, Clark Gable, Van Heflin, Gary Cooper y James Stewart, riendo alegremente durante la cena de año nuevo de 1957 en el Romanoff de Beverly Hills.

Kings of Holliwood: Clark Gable, Van Heflin, Gary Cooper, y James Stewart en el Romanoff's de Beverly HIlls, 1957. Foto de Slim Aarons


Su relación con los famosos de Hollywood del momento fue siempre buena, hasta el punto de que su forma de trabajar y su apartamento sirvieron de inspiración para "La ventana indiscreta" de Hitchcock.

Pero Aarons, antes de vivir del mundo de la farándula, y de ser uno de los pioneros de este tipo de "periodismo", fue fotógrafo de guerra, durante la Segunda Guerra Mundial.

Slim Aarons: from war photographer to celebrity photographer
Y esa época me parece mucho más interesante, aunque es verdaderamente difícil encontrar material gráfico de aquellos tiempo. He encontrado una referencia bibliográfica a un libro al que no he podido acceder de ninguna manera: Slim Aarons: from war photographer to celebrity photographer.

Y las búsquedas de imágenes de aquel periodo de guerra no han dado resultados. Se ve que ese material ha quedado sepultado debajo del papel cuché y las crónicas de sociedad.

No puedo reprocharle ese cambio de orientación profesional, si con ello ahuyentó los fantasmas y los horrores vividos durante la contienda.

Y todo esto para mostrarles un documento que refleja aquellos años y que me parece que vale más que mil palabras; palabras que les ahorraré, por innecesarias.

Niño italiano ciego leyendo braille con los labios. 1945. Foto Slim Aarons

Se trata de un chico italiano, ciego y mutilado, leyendo braille con sus labios.
La imagen fue tomada hacia 1945 en un convento de Roma, que atendía a niños fueron abandonados o huérfanos durante la Segunda Guerra Mundial.
(Foto por Slim Aarons / Getty Images).

De esta imagen, y todo lo que evoca, a las crónicas de la buena vida hay un largo trayecto intelectual y profesional.

Me quedo con la primera época.

martes, 10 de febrero de 2015

Solo dijo: "¡idos todos a la mierda!", y poco después expiró

"Maestro, dínos algo", le requeríamos día tras día, pero él permanecía siempre en silencio.

De pronto, un día se remueve, nos mira y hace gesto de hablar y todos nosotros, embobados, esperando; ya tenemos testamento, pensamos.

Solo dijo: "¡Idos todos a la mierda!", y poco después expiró, dejando a los desconsolados discípulos con un palmo de narices".

Estas fueron las últimas palabras de Ezra Pound, a modo de testamento intelectual. 

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Ezra Pound
Ezra Pound es considerado uno de los más grandes poetas estadounidenses. Y seguramente lo es, aunque, como todos lo poetas, es más conocido que leído.

Pero no solo fue poeta; también fue ensayista y crítico. Y su figura es esencial para comprender uno de los momentos más brillantes de la literatura de los Estados Unidos de norteamérica: "la generación perdida", esa a la que también pertenecieron autores de lectura obligada como John Dos Passos, William Faulkner, Ernest Hemingway, John Steinbeck o Scott Fitzgerald.

Muchos de ellos son autores de culto; o sea, esos de los que todo el mundo habla bien pero de los que casi nadie ha abierto una página. La brillantez de esta generación ha sido reconocida por los Premios Nobel, que obtuvieron tres de ellos, en 1949, 1954 y 1962, aunque también hicieron incursiones en el periodismo y el cine, bien como autores de las obras adaptadas, bien como guionistas: Por quién doblan las campanas, Al este del Edén, Las uvas de la ira, El gran Gatsby, El sueño eterno, El largo y cálido verano, El diablo era una mujer, (Amanece que no es poco)… son algunos de los títulos clásicos del cine en los que figuran sus nombres.

En sus labores de crítico y promotor, ayudó en sus respectivas carreras literarias a autores como William Butler Yeats, T.S. Eliot, James Joyce o D. H. Lawrence.

Erza Pound y Allen Gingsberg. Septiembre 1967
Pero Ezra Pound era poeta, así que su obra es poco accesible y prácticamente desconocida. Pero su influencia fue definitiva para la siguiente brillante generación de escritores norteamericanos: la generación beat, a la que pertenecen Allen Ginsberg, Jack Kerouac y William S. Burroughs.

Y, a través de ellos, la influencia de Pound llegó a la siguiente generación de la cultura americana, la de Bob Dylan, Tom Waits, Jim Morrison o Janis Joplin.

En España su huella también es visible en el movimiento de los Novísimos, la antología en la que José María Castellet reunió a los poetas más renovadores de la poesía española de los años 60: Vázquez Montalbán, Pere Gimferrer, Ana María Moix (sí, la hermana de Terenci) o Leopoldo María Panero, por citar solo los, quizá, más conocidos.

Como ven, una figura imprescindible. Pero también polémica.

En cierta ocasión, Yeats le entregó unos poemas para que los enviara a una conocida revista poética americana.
Antes de enviarlos, Pound se permitió el lujo de corregir de su puño y letra algunos de los versos.

Después de aplacado en enfado mayúsculo del poeta irlandés, el propio Yeats reconoció que los cambios habían mejorado el original y dijo de él:
"Ezra tiene una naturaleza áspera y testaruda, y siempre está hiriendo los sentimientos de las personas, pero creo que es un genio".
También era generoso con sus amigos. Hemingway le dedicó unas líneas muy expresivas* y fue Pound quien reunió el dinero que permitió a Joyce terminar el Ulises.

Lo más sonado de su ideología fue su apoyo declarado y entusiasta al fascismo de Mussolini. Y como tal hizo de bocero del Eje en la Segunda Guerra Mundial y el antisemitismo afloró en su obra, aunque al final de sus días opinaba que no era más que un "sanbenito".

Fue detenido en Roma al finalizar la guerra y exhibido públicamente en una jaula como un mono durante varias semanas en un campo de prisioneros en Pisa.
Devuelto a EE.UU. fue juzgado por traición pero fue declarado loco e internado en un sanatorio psiquiátrico: "su celebridad y su legendario desequilibrio lo salvaron: eximido por motivos psiquiátricos (aunque nunca recibió un diagnóstico específico)".

Su peripecia durante aquellos años y el desenlace inusual de su juicio ha dado pábulo a la idea de que, en realidad, era un espía americano infiltrado en las filas fascistas, y que tras sus soflamas antisemitas y fervor nazifascista se ocultaban mensajes cifrados para los aliados.

Tumba de Ezra Pound en Venecia
Volvió a italia en 1958, donde murió en 1972, en Venecia.

Cerca ya de la muerte, vivía en casa de una aristócrata italiana que le tenía acogido.  

Francisco Nieva, dramaturgo y director teatral, Académico de la Lengua, Premio Nacional de la Teatro en dos ocasiones, Premio Nacional de Literatura, Premio Príncipe de Asturias de las Letras, se encontraba también viviendo en Venecia.

Allí se entera de que Erza Pound, el poeta "más grande de Estados Unidos", se está muriendo.
Nieva se unió a un grupo de discípulos de Pound y todas las tardes iban a visitarlo…
…esperando que nos dijera algo, algunas palabras que nos sirvieran de testamento intelectual. "Maestro, dínos algo", le requeríamos día tras día, pero él permanecía siempre en silencio.
De pronto, un día se remueve, nos mira y hace gesto de hablar y todos nosotros, embobados, esperando; ya tenemos testamento, pensamos.
Solo dijo: "¡Idos todos a la mierda!", y poco después expiró, dejando a los desconsolados discípulos con un palmo de narices".
Así era Ezra Pound: generoso, egocéntrico, hiriente, contradictorio, genial.

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Bibliografía:
Ezra Pound, el traidor era un espía.
Ezra Pound: santo laico, poeta loco. *
Entrevista de Pier Paolo Passolini a Ezra Pound.
• Justo Navarro; El espía. Anagrama.
• Sebastián Moreno; La academia se divierte. La esfera de los libros.
La muerte de Ezrta Pound. (Entevista con Allen Ginsberg).
Historia de un pedestal.

jueves, 5 de febrero de 2015

La primera novela histórica

Colaboración para el número 1 de la revista iHstoria, revista digital interactiva de Mediazines.
Más información en el blog Historias de la historia de su director Javier Sanz. Puedes seguir las novedades de la revista en sus cuentas sociales:
iHstoria en Facebook;
iHstoria en Twitter.

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La obra de Ginés Pérez de Hita, de largo y descriptivo título, Historia de los bandos de los Zegries y Abencerrajes, (…) hasta que el rey don Fernando Quinto ganó ese Reino, suele considerarse como la primera novela histórica en castellano.

"Waverley o hace sesenta años". Walter Scott.
Aunque fue Walter Scott el “padre de la novela histórica” moderna. Antes de él hubo numerosos antecedentes, pero su influencia posterior marcó defintivamente el devenir de la literatura, hasta convertir a este moderno género en el de mayor pujanza en la actualidad.

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Literatura e Historia se han llevado tradicionalmente bien, sobre todo en estos tiempos en los que abundan los productos editoriales -y televisivos y cinematográficos- que recurren a un determinado contexto histórico para desarrollar una narración más o menos literaria.

Y es que utlizar el “texto como pretexto” siempre ha sido un recurso muy utilizado por creadores, investigadores y divulgadores. Es cierto que no termina de quedar claro si es la historia el pretexto en la que desarrollar una determinada trama, o si es la propia narración la que encaja mejor en un determinado periodo histórico.

Se trata, en todo caso, de conferir credibilidad a unos personajes o a unos sucesos para hacerlos más digeribles. Así, el lector puede adentrarse sin dificultad en un relato e incorporar fácilmente referentes que le ayuden a comprender motivaciones y peripecias. 

Situar el origen de la novela histórica en un periodo determinado o señalar cuál fue primera novela en inauguar el género histórico puede parecer, acaso, una osadía que seguramente no contentará ni a puristas ni a aficionados. Pese a ello, voy a atreverme a hacer una modesta cronología de tan influyente evento en la historia de la literatura; o debería decir “historia de los libros”, para que no se me pueda acusar de meter en el mismo saco a una de las Bellas Artes y a un negocio.

Caballo de Troya
Existen numerosos antecedentes que podrían considerarse como Novela Histórica, en su sentido más laxo: desde Homero y su Ilíada (ahora entenderán lo de “laxo”, pues la Ilíada es en realidad poesía) a la Biblia. Ambas obras no son sino un intento de explicar, de forma pretendidamente histórica, unos determinados acontecimientos, algunos de ellos de dudosa veracidad.

Y cómo hablar de los antecedentes de la novela histórica sin mencionar a Marco Polo. ¿No podría calificarse su Libro de las Maravillas como una novela histórica?

Rey Arturo y los caballeros de la Tabla Redonda
Ya a finales de la Edad Media comienzan a aparecer la Prosa Didáctica y las Crónicas, más destinadas a ensalzar la figura de sus protagonistas -Reyes y nobles- que a dejar constancia de la realidad.

Y aunque estos primeros intentos narrativos son de obligada consulta para los investigadores, los estudios históricos se centran más en el análisis de otro tipo de documentos: registros, actas, tratados, testamentos, herencias, certificados…

En esta misma época aparecen los Libros de Viajes, narraciones en primera persona basadas en experiencias personales, de escaso valor literario e histórico pero muy influyentes en los años posteriores. Y también vieron la luz los Libros de Aventuras, como el Ciclo Artúrico (quizá los más conocidos, que desarrollan de forma bastante relajada y fantasiosa la vida y milagros del Rey Arturo y sus secuaces), o La gran conquista de Ultramar, crónica novelada de la conquista de Jerusalén durante la Primera Cruzada.

La Celestina; Tragicomedia de Calixto y Melibea
Y llegamos al final del siglo XV. Aunque los libros de aventuras gozaban, y siguieron gozando durante muchos años, de plena vigencia, aparece una obra que tiene el mérito de ser la “primera novela”, y esta no es otra que La Celestina, de Fernando de Rojas.

Y a comienzos del XVI aparace el Amadís de Gaula, de Garci Núñez de Montalvo, un genial mestizaje de todos los géneros anteriores, que inicia el ciclo de las Novelas de Caballerías, que apenas duraría un siglo hasta que Cervantes escribió la mejor y definitiva, El Quijote.
No son ni el Amadís ni el Quijote novelas historicas. Pero son dos documentos imprescincibles para comprender la sociedad de su época.

Una vez escrita la primera novela, aunque sea dialogada, y sentadas las bases estilísticas del género, solo era cuestión de tiempo que aparecieran las primeras novelas, desde el punto de vista formal, que intentasen recoger, con indudable espíritu de veracidad, determinados acontecimientos históricos.

Historia de los bandos de los Zegries y Abencerrajes. Ginés Pérez de Hita
Y aquí es donde aparecen, en 1595, Ginés Pérez de Hita y su Historia de los bandos de los Zegries y Abencerrajes, caballeros moros de Granada, de las civiles gueras que vio en ella, y batallas singulares que se dieron en la vega entre cristianos y moros, hasta que el rey don Fernando Quinto ganó ese Reino. No creo que haga falta explicar de qué trata la novela, pero se puede especular, sin temor a errar en exceso, con que estamos frente la primera novela histórica en castellano.

Pero estamos todavía en el Renacimiento y aún han de pasar una par de siglos para que aparezcan, desde nuestro punto de vista contemporáneo, las primeras novelas históricas realmente modernas.

7 de julio de 1814. Edimburgo. Se publica un relato histórico bajo el título de Waverley o hace sesenta años, obra de un ya bastante conocido abogado escocés, de nombre Walter Scott. El título pone de manifiesto su intención de novelar un período del pasado, pero a diferencia de los anteriores intentos de ambientar novelas en épocas pasadas, a partir de Waverley
“…la evocación se basa en unos factores históricos muy concretos, con un notable conocimiento de la época y del país en que transcurre la acción, respetando y exaltando sus peculiaridades; y además con un propósito clarísimo, hablar del presente por medio del pasado, algo que hasta nuestros días será consustancial a este subgénero: si se vuelve la mirada al ayer es para iluminar el hoy, para comprenderlo mejor y sacar consecuencias prácticas”*. 
 Por ello, Walter Scott es considerado el “padre de la novela histórica”. De su Waverley, pese a publicarse inicialmente de forma anónima, en apenas cinco meses se realizaron cuatro ediciones y se convirtió en una auténtico best-seller.

"Waverley o hace sesenta años". Walter Scott


Su influencia alcanzó a autores posteriores como Victor Hugo en Los Miserables, Stendhal y su Rojo y Negro, o Guerra y paz de Tolstoi.

"Ramiro, Conde de Lucena", de Rafael Húmara y Salamanca
Sigamos hasta 1823, en España. Aparece Ramiro, Conde de Lucena, de Rafael Húmara y Salamanca. En los manuales de literatura encontraréis que figura como la primera novela histórica moderna en Español, aunque es prácticamente inaccesible y no puede decirse que se trate “de una obra maestra olvidada”.

Luego vendrían, entre otros, Mariano José de Larra, y su Doncel de Don Enrique el Doliente (1834), y, por supuesto, Benito Pérez Galdós y sus Episodios Nacionales (a partir de 1873), seguramente una de las cumbres de la novela histórica española.

Y si seguimos avanzado, nos encontramos, por ejemplo, a Valle Inclán con El ruedo ibérico y la Guerra Carlista, o a Ramón J. Sender, con La aventura equinoccial de Lope de Aguirre.

El siglo XX supuso la consolidación definitiva del género y la nómina de autores y obras notables que recrearon periodos o personajes históricos es enorme. Algunas de estas novelas han sido auténticos fenómenos de masas: Sinuhé el egipcio, de Mika Waltari; Yo, Claudio, de Robert Graves, León el Africano de Amin Maalouf, Memorias de Adriano de Margarite Yourcenar, o incluso, por qué no, El nombre de la Rosa, de Umberto Eco.

Miguel Delibes, Torrente Ballester, Terenci Moix, Antonio Gala, Vargas Llosa, Javier Cercas, Garcia Márquez, Mújica Laínez o, también por qué no, Pérez Reverte, engrosan el elenco de escritores que han contribuido a darle a la novela histórica el prestigio del que ahora goza, hasta el punto de haberse convertido en el género dominante en la literatura actual.

Con frecuencia la novela supera a la propia historia. Pero no olvidemos que los libros se escriben para ser vendidos -ojalá pudiera decir que para ser leídos- y el lector suele preferir la ficción histórica que la historia misma y está dispuesto a aceptar ciertas licencias narrativas.

Así, coincidimos con Enrique García Díaz cuando afirma:
 “la novela histórica es un género popular. Es una literatura con ingredientes y fórmulas que se repiten una y otra vez y que por lo tanto muy pocas de ellas ofrecen alguna novedad. La ficción que ha nacido a la sombra de la Historia no deja de ser un producto bastardo o mestizo, aunque de gran importancia literaria. No importa si la novela histórica es fiel o no a la Historia, lo que cuenta es que es literatura y como tal debe ser considerada”**.

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Para leer y profundizar:
* Carlos Pujol Jaumandreu, Novela historica, en Culturahistorica.es.
** Enrique García Díaz; La novela histórica.
• Georg Lukacs; La forma clásica de la novela histórica.
• Ginés Pérez de Hita, Historia de los bandos de los Zegries y Abencerrajes, caballeros moros de Granada, de las civiles gueras que vio en ella, y batallas singulares que se dieron en la vega entre cristianos y moros, hasta que el rey don Fernando Quinto ganó ese Reino. 1595.
• Alan D. Deyermond; Historia de la literatura española. Vol 1. Ed. Ariel. Barcelona, 1973.
• Walter Scott; Waverly o hace sesenta años. 1814.
• Donald L. Shaw; A propósito de Ramiro, Conde de Lucena, de Rafael Humara.
• Justo Fernández López; la novela histórica en el siglo XIX.
Guía de Recursos bibliográficos de la novela histórica, portal de la Biblioteca Nacional de España.
Novela histórica española. Portal de la Biblioteca virtual Miguel de Cervantes.

martes, 3 de febrero de 2015

La primera Doctora universitaria; la primera Académica de la Lengua: María de Guzmán

Si Luisa (o Lucía) de Medrano fue la primera mujer en el mundo de la que se tiene constancia que impartió clases en una universidad, María Isidra de Guzmán y de la Cerda fue la primera mujer en España que obtuvo el título de Doctor y el ingreso en la Real Academia de la Lengua.

Su figura, debidamente situada en su contexto cultural y social, es fundamental para comprender la progresiva incorporación de la mujer a la sociedad española que surgía de los cimientos de la Ilustración.

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María Isidra de Guzmán y de la Cerda
María Isidra de Guzmán y de la Cerda nació en Madrid en 1768. Y recibió el grado de doctora y maestra en la Facultad de Artes y Letras humanas de la Universidad de Alcalá en 1785, con escasos 17 años.

Y, a menos que vivas en la calle que Madrid le dedicó, o hayas estudiado en el instituto de Alcalá que lleva su nombre, es muy problable que no hayas oido hablar de ella.

Sin embargo supone un hito en la intelectualidad española.
Fue admitida como Académica de la Lengua en 1784, antes incluso de haber pasado por la universidad:
…la Academia, informada de los extraordinarios adelantamientos de esta Señora en la eloquencia y en las lenguas y particularmente en la Castellana… en atención a las expresadas circunstancias y al mérito personal que de ellas resulta…
Pero fue nombrada miembro honorario, no de número, como era la aspiración de la propia María de Guzmán. A pesar de todo resultó un nombramiento absolutamente inusual para los usos y costumbres misóginos de la institución, habituales hasta entonces y vigentes en lo sucesivo.
Y, de paso, se dejó constancia expresa del caracter excepcional de tal nombramiento.

Pronunció su discurso de agradecimiento por su ingreso pero no volvió a comparecer más. Es por ello que su nombre no suele aparecer en los anales de la RAE.

Retrato de María Isidra Guzmán y de la Cerda realiado por Joaquín Inza y Ainsa en 1785
María de Guzmán quería ir a la Universidad aun sabiendo que como mujer le estaba prohibido asistir a sus clases. Así que le pidió ayuda a su padre, Diego Ventura de Guzmán y Fernández de Córdoba, conspicuo representante de la nobleza de la época. Este consiguió el permiso de Rey Carlos III para que su hija pudiera examinarse oral y públicamente del doctorado en Filosofía y Letra Humanas en la Universidad Complutense de Alcalá.

Conseguido el permiso, el examen se celebró los días 4 y 5 de junio de 1785,

¿Quieren saber en qué consistió el examen? Vean:

griego, latín, francés, italiano y castellano; de Retórica, Mitología, Geometría, Geografía, Filosofía General, Lógica, Ontosofía, Psicología, Física General, Física Particular, Tratado sobre los Animales y los Vegetales, Sistemas del Orbe, la Esfera Armilar y Ética.

El relato de los acontecimientos que realizó el Rector de la Universidad para que fuera remitido al Rey incluia párrafos tan elocuentes como:
…innumerable multitud de literatos que concurrieron…de todos los doctores… y de un concurso el más lucido y numeroso de sabios de casi toda España…”
“…perspicacia de ingenio, memoria incomparable, perfección en los idiomas, diestro manejo de Virgilio, asombrosa erudición…”
“…es digno de inmortalizarse en las historias para gloria de la Nación… ”
…su exposición se realizó “en latín digno e Horacio” .
El día 6 de junio obtuvo "cum laude" el título de Doctora y Catedrática Honoraria de Filosofía Moderna.

Eran aquéllos años en los que las mujeres solo tenían dos opciones: el convento o el matrimonio. Pero María de Guzmán fue la pionera que abrió las puertas a las mujeres para su acceso a las Sociedades de Amigos del País, tan emergentes entonces, con la inestimable ayuda del ilustrado Jovellanos.

Murió a los 35 años sin dejar una obra digna de reseñar pues claramente no profundizó en sus habilidades intelectuales sino que se dedicó a las actividades que le eran propias a toda mujer: atender la casa, la familia y pelear con su mala salud, que siempre fue frágil. Y tras su matrimonio desaparecieron por completo sus actividades culturales.

Carlos III
Pero tampoco podemos pasar por alto las críticas que su perfil suscita y que se basan en considerar que en modo alguno reunía los méritos que se le atribuyen y cuya aureola de erudita se considera un "capricho" de Carlos III, amigo de la familia, y que quiso convertirla en prototipo y modelo de imitación para las demás mujeres:
"Carlos III, influído sin duda por la política ilustrada del país vecino y movido por su deseo de sumar el mayor número posible de personas influyentes al renacimiento cultural y político que representaba la puesta en marcha de nuestra propia Ilustración, decide incorporar a la mujer española a dicho movimiento. Y, de una manera más concreta, a la mujer de nuestra aristocracia".
"Pero el hecho es que Carlos III invitó formalmente a la mujer a sumarse al movimiento ilustrado."
"Es necesaria una lectura detallada de lodos los pormenores del acto (de celebración del dcotorado) para comprender hasta qué punto todo ello fue un «montaje», urdido entre el Rey, la Universidad y la familia. No es que la joven no tuviera conocimientos -hecho que hoy es imposible de comprobar-, sino que todo suena a excesivamente preparado". *

María de Guzmán. Necrológica
De todas formas, es justo considerar a María Isidra de Guzmán y de la Cerda como un mujer adelantada a su época, pero no como un fenómeno aislado pues ya entonces el propio Rey era consciente de la pujanza que cobraban las mujeres de sólida cultura, sobre todo provenientes de la nobleza, y del influjo ilustrado que hacía su participación en todos los ordenes sociales cada vez más inevitable. Y en ese contexto debe enmarcarse la actividad de María de Guzmán en la creada ad hoc Junta de Damas de la Sociedad Económica de Amigos del País matritense.

En las décadas posteriores fueron muchas las mujeres que se hicieron merecedoras de la más alta consideración intelectual pero solo la actitud cerril de los poderes fácticos masculinos impidió este justo reconocimiento institucional: Josefa Amar y BorbónFernán Caballero, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Emilia Pardo Bazán, María Moliner, Rosalía de Castro, Concepción Arenal, nunca fueron aceptadas en los sillones de la RAE ni obtuvieron doctorado alguno a pesar sus más que considerables méritos.
La primera mujer en ingresar en la RAE fue Carmen Conde… en 1978.

Y hay que esperar a 1882 para encontrarnos a la segunda mujer en obtener un doctorado en España: fue Martina Castells Ballespí, que lo obtuvo en Medicina. También ella murió muy joven, con 31 años, sin ahber podido desarrollar toda su actividad profesional en el campo en el que se especializó: la pediatría.

María Isidra de Guzmán y de la Cerda falleció un 3 de febrero, de 1803.

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Bibliografía:
Doctora de Alcalá.
Biografías de mujeres andaluzas. Guzmán y la Cerda.
* Paloma Fernández-Quintanilla: Una española ilustrada: María Isidra de Guzmán y de la Cerda. 1979.
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