miércoles, 30 de diciembre de 2015

Por que en 2016 veáis y aprendáis muchas cosas

"Desde la cumbre del Everest no se puede ver todo el mundo.

La vista sólo le recuerda a uno lo grande que es el mundo y las muchas cosas que quedan por ver y aprender".

Tenzing Norgay, a su hijo Jamling.



Por que en 2016 veáis y aprendáis muchas cosas.

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@DesEquiLIBROS

lunes, 21 de diciembre de 2015

La histórica portada que anunció un ganador… que luego no ganó

El 3 de noviembre de 1948, el Chicago Tribune publicó en su portada la victoria del candidato republicano Thomas E. Dewey en las presidenciales de los EE.UU. Como todo el mundo sabe, en realidad el ganador fue el demócrata Harry S. Truman, lo que convirtió a esa portada en histórica y, de paso, en lección de periodismo.

Dewey defeats Truman
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En estos tiempos de inmediatez en el acceso a los datos y la información es difícil encontrarse con grandes fiascos de comunicación, más allá de las torpezas propias de los protoganistas.
Ahora sabemos en tiempo real los resultados de unas elecciones; incluso se da la paradoja de que, mientras el portavoz del gobierno ofrece cifras provisionales, los espectadores ya disponemos de información más actualizada.

Ahora, con los medios de comunciación generando contenidos permanentemente en sus plataformas digitales, los cambios, actualizaciones, errores... se corrigen inmediatamente. Así que no es habitual leer errores de bulto en las portadas, más alla de la intepretación ideológica que cada medio quiera hacer o de las previsiones que arrojen las encuestas especulativas.
Solo los medios en papel corren el riesgo de anticipar un resultado que a la mañana siguiente no se confirme. Y aún en estos casos, tienen medios para modificar sus informaciones a través de la pertinente rectificación digital.

Pero esto no era así hace apenas unos años. Los periódicos apuraban la impresión de sus titulares todo lo posible hasta que los resultados parecieran inapelables. Y, a la mañana siguiente, la gente compraba su diario en el kiosko y se enteraba de qué había pasado la jornada anterior. La cautela obliga a no anticipar conclusiones en caso de duda. Pero ha habido casos en los que audaces editores se la han jugado a la hora de dar por vencedor a un candidato cuando, apenas unas horas después, con el recuento definitivo, su previsión ha resultado errónea.

El caso más sonado fue el del Chicago Tribune del 3 de noviembre de 1948.
El día 2 se había celebrado elecciones presidenciales en los Estados Unidos de Norteamérica.
Concurrían el candidato Republicano Thomas E. Dewey y el demócrata Harry S. Truman, que aspiraba a conseguir la presidencia a través de unas elecciones, toda vez que la había alcanzado al ocupar, como vicepresidente, el puesto que dejó vacante el temprano fallecimiento del titular del cargo, Franklin D. Roosevelt.

Las elecciones fueron reñidas, pero todos los indicios apuntaban a una vitoria republicana. Analistas clarividentes y tradición consideraban inevitable que Thomas E. Dewey alcanzara la presidencia: el demócrata Roosevelt había ganado 4 veces consecutivas por lo que una quinta victoria demócrata consecutiva era poco probable.
(La vigésimosegunda enmienda de la Constitución de los EE.UU., aprobada en 1951, limitó el ejercicio de los presidentes a dos periodos consecutivos).

Así que el Chicago Tribune, basándose en su intuición y en la de sus analistas, y en lo inédito de la posibilidad de victoria de Truman, se adelantó a todos y publicó una portada histórica: Dewey defeats Truman.

Dewey defeats Truman

Y el texto que acopañaba la noticia no dejaba lugar a dudas:
Dewey obtuvo una victoria arrolladora en las elecciones presidenciales de ayer. Los primeros resultados mostraron que el partido republicano se mostraba bastante consistente en los estados del oeste y el sur; los recuentos completos revelarían que Dewey ganó la presidencia por una aplastante mayoría del voto electoral.
A pesar de que conforme avanzaba la noche estas aformaciones iban quedando en entredicho, el diario siguió imprimiendo sus ejemplares de forma contumaz.
El responsable de esta decisión fue el avezado analista político Arthur Sears Henning, que había predicho con éxito el resultado de 4 de las últimas 5 contiendas electorales. Su "prestigio" se impuso las evidencias de los datos. Se calcula que se imprimieron unos 150.000 ejemplares de esa portada.

A la mañana siguiente, con los resultados ya confirmados en todos los estados de la Unión, resultó que el ganador había sido Harry S. Truman, que posaba así de eufórico ante sus acólitos:


El resultado fue ajustado, efectivamente, pero el fiasco fue histórico; seguramente como consecuencia de las malas relaciones del medio con el candidato, que le cegaron.


Hoy en día esto es imposible. Sobre todo por los medios de los que disponemos, pero también, y no menos importante, por la cautela con la que los medios impresos se conducen ante resultados inciertos.

jueves, 17 de diciembre de 2015

El pueblo quiere ser engañado; entonces, engañemoslo

A nosotros, individuos normales... con la ayuda, indudable, de nuestro deseo de que nos engañen, se nos engaña genuina y plenamente («Populus vult decipi, ergo decipiatur»*). Y el uso engañoso de las palabras se combina con el tono engañoso tan taimadamente que sólo los que tienen lesión cerebral permanecen inmunes, desengañados.


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"¿Qué pasaba? Carcajadas estruendosas en el pabellón de afasia, precisamente cuando transmitían el discurso del Presidente. Habían mostrado todos tantos deseos de oír hablar al Presidente..."

Así comienza en capítulo "El discurso del presidente" del libro de Oliver Sacks El hombre que confundió a su mujer con un sombrero.

El relato explica cómo los afectados de la afasia global o receptiva más grave —la que incapacita para entender las palabras en cuanto tales—, reaccionan ante el discurso televisado presidente. Los hay que parecen desconcertados, y otros como ofendidos, uno o dos parecían recelosos, pero la mayoría parecen estar divertiéndose muchísimo.

¿Por qué?

El habla (el habla natural) no consiste sólo en palabras; consiste también en expresión. Los afásicos no entienden en absoluto el sentido de las palabras en cuanto tales. Pero
"el lenguaje hablado suele estar impregnado de «tono», engastado en una expresividad que excede lo verbal... y es esa expresividad, precisamente, esa expresividad tan profunda, tan diversa, tan compleja, tan sutil, lo que se mantiene intacto en la afasia, aunque desaparezca la capacidad de entender las palabras. Intacto... y a menudo más: inexplicablemente potenciado..."
Es decir: aunque el paciente no capte ni una sola palabra, posee otra habilidad en su lugar, inmensamente potenciada: puede captar plenamente el sentido basándose en la expresión del hablante.

Por eso "a un afásico no se le puede mentir. El afásico no es capaz de entender las palabras, y precisamente por eso no se le puede engañar con ellas; ahora bien, él lo que capta lo capta con una precisión infalible, y lo que capta es esa expresión que acompaña a las palabras, esa expresividad involuntaria, espontánea, completa, que nunca se puede deformar o falsear con tanta facilidad como las palabras..."

La capacidad de entender de los afásicos no se basa en las palabras, sino en identificar lo que es auténtico y lo que no a través de las muecas, los histrionismos, los gestos falsos y, sobre todo, las cadencias y tonos falsos de la voz, lo que suena a falsedad para aquellos pacientes sin palabras pero inmensamente perceptivos. Los pacientes afásicos reaccionaban ante esas incorrecciones e incongruencias tan notorias, tan grotescas incluso, porque no los engañaban ni podían engañarlos las palabras.

Por eso se reían tanto del discurso del Presidente.

Pero ¿qué pasaría en el caso de un paciente que carezca totalmente del sentido de la expresión y el «tono», aunque conserve, intacta, la capacidad de entender las palabras? También en el relato de Sacks hay un paciente que padece este trastorno: la agnosia tonal.
En el caso de estos pacientes lo que desaparece es la capacidad de captar las cualidades expresivas de las voces (el tono, el timbre, el sentimiento, todo su carácter) mientras que se entienden perfectamente las palabras (y las construcciones gramaticales).
Este paciente no puede captar ya si hay cólera, alegría o tristeza en una voz. Tampoco le servía fijarse en las caras, las posturas y los movimientos de las personas cuando hablaban porque su trastorno le impide captar esos matices.

Su arma era prestar muchísima atención al sentido preciso de las palabras y de su uso; necesita que sus intelocutores digan las palabras exactas en el orden exacto. Su percepción se basa en el sentido que aportan únicamente la elección y la relación exactas de las palabras.

Para esta paciente, el discurso no es convincente: "No habla buena prosa. Utiliza las palabras de forma incorrecta". Su sentido potenciado del uso formal del lenguaje, de su coherencia como prosa, provocó que el discurso no tuviera eficacia en absoluto.
Ésa era, pues, la paradoja del discurso del Presidente. A nosotros, individuos normales... con la ayuda, indudable, de nuestro deseo de que nos engañaran, se nos engañaba genuina y plenamente («Populus vult decipi, ergo decipiatur»*).
Y el uso engañoso de las palabras se combinaba con el tono engañoso tan taimadamente que sólo los que tenían lesión cerebral permanecían inmunes, desengañados.

El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Oliver Sacks
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Oliver Sacks; El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Editorial Anagrama.
Traducción de José Manuel Álvarez Flórez.

* "Populus vult decipi, ergo decipiatur": El pueblo quiere ser engañado; entonces, engañemoslo.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Las otras generaciones del 27 #poema27

1927. 16 y 17 de diciembre. Ateneo de Sevilla. Un grupo de desatacados y emergentes poetas e intelectuales deciden celebrar un homenaje "no oficial" por el aniversario de la muerte de Luis de Góngora.

Ese acto se considera el acto fundacional de la Generación del 27.

Generación del 27. Sevilla 1927

Y fue un evento no oficial porque ninguna institución tenía planeado organizar nada. Así que fueron ellos lo que decidieron por su cuenta y riesgo rendir tributo a uno de los más grandes poetas de la literatura en castellano; tan grande como poco leído.

En palabras de Gerardo Diego:
"Mes de abril de 1926. Una improvisada y amistosa tertulia pone sobre la mesa de un café el lema del Centenario de Góngora. Hay que hacer algo. Y tenemos que hacerlo nosotros. Si esperamos que lo hagan las corporaciones oficiales pasaremos por el bochorno de que España celebre el Centenario de su más grande poeta entre una absoluta indiferencia, con cualquier actillo exterior y falso, algún certamen novelesco y media docena de artículo de enciclopedia, contentos de haber matado el tema nuestro de cada día o semana de colaboración.
Actillos, certamenillos, ensayillos, trabados de cortapisas y reservas miserables, cuando no de hipócritas agravios para la más pura de nuestras glorias poéticas".
Fue el propio Gerado Diego quien acuñó, en 1932, el nombre de Generación del 27 cuando al publicar una antología que recogía la obra de los mejores poetas jóvenes del momento; el vínculo de unión entre todos ellos, más allá de corrientes estilísticas, era su vinculación con el homenaje gongorino.

La nómina de integrantes de la Generación del 27 es enorme y no se limita a poetas. A esta lista literaria, acaso la más brillante desde el Siglo de Oro, hay que añadir autores que desarrollaron su labor creativa en intelectual en muy diferentes campos: cineastas, pintores, científicos, músicos, dramaturgos, ilustradores… lo que da idea de hasta qué punto la cultura española, en su sentido más amplio, gozaba de una excelente salud de la que no ha vuelto a disfrutar.

Cada año, por estas fechas, nos hacemos eco de la iniciativa del Toni Solano a través de su Re(paso) de lengua, y nos sumamos al aniversario del acto fundacional de la Generación del 27

Y, también como cada año, aun a riesgo de no ser muy purista con la convocatoria, vamos a tratar de reivindicar a esas otras "Generaciones del 27", quizá menos conocidas pero igual de relevantes para comprender en su conjunto y en su contexto la importancia de este movimento cultural.

Y hoy lo vamos a decidar a la música. Y qué mejor forma que compartiendo una de las piezas más destacadas de uno de los miembros asimilados a la Generación del 27, por su labor dinamizadora de la vida cultural española, por su amistad con García Lorca o Fernando de los Ríos, aunque segruamente él no perteneciente a la nómina oficial: Manuel De Falla.

Billete de 100 pesetas decicado a Manuel de Falla

Con ustedes: El amor brujo, de la película homónima de Carlos Saura, con coreografía de Antonio Gades.



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Contribuye tú también a este modesto homanaje virtual publicando en tu blog o Redes Sociales versos o poemas de alguno de los miembros de la Generación del 27. Usa el hashtag #poema27.

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Para saber más:

GENERACIÓN 27. CREACIÓN, VANGUARDIA Y VIDA" SERIE DOCUMENTAL.
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