miércoles, 28 de junio de 2017

Las segundas partes de las obras de Cervantes y la autocita

La mejor manera de asegurar la continuidad de una obra es dejar un final abierto, anunciar una segunda parte o crear expectativas sobre una eventual secuela.

De esta estrategia tenemos multitud de ejemplos recientes, sobre todo en el mundo del cine, aunque también en el de las letras.

Pero esa argucia ya se utilizaba en el Siglo de Oro. Y el caso de Cervantes es acaso el más notable.

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La mejor manera de asegurar la continuidad de una obra es dejar un final abierto, anunciar una segunda parte o crear expectativas sobre una eventual secuela.

De esta estrategia tenemos multitud de ejemplos recientes, sobre todo en el mundo del cine, aunque también en el de las letras.

Pero esa argucia ya se utilizaba en el Siglo de Oro. Y el caso de Cervantes es acaso el más notable.

La producción del alcalaíno no fue muy extensa si la comparamos con otros compañeros de viaje literario: Lope de Vega o Quevedo, por ejemplo, fueron mucho más prolíficos. Escribió únicamente tres novelas, una serie de novelas cortas agrupadas bajo el nombre de “ejemplares” y alguna otra obra menor. Sin embargo una de ellas suficiente para elevarlo al Olimpo de los dioses de la literatura universal.

Cervantes era experto en anticipar segundas partes de sus obras aunque solo una de esas promesas se vio cumplida, seguramente muy a su pesar. Y también hacía uso hábil y habitual de la autocita. 

La Galatea fue su primera novela. Se publicó en 1585 con el intencionado título de “Primera parte de”, lo que pone de manifiesto su intención de publicar una segunda parte. En el último párrafo afirma:
El fin deste amoroso cuento y historia (...) con otras cosas sucedidas a los pastores hasta aquí nombrados, en la segunda parte desta historia se prometen, la cual, si con apacibles voluntades esta primera viene rescibida, tendrá atrevimiento a salir con brevedad a ser vista de los ojos y entendimiento de las gentes. 
Final de La Galatea

Y si hablamos de autocitas, en el capítulo VI de la primera parte del Quijote, donde se trata “Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo”, además de libros de caballerías, también varias novelas pastoriles acaban en la hoguera. Una de las que se salvan de la quema es precisamente La Galatea y anuncian que muy pronto Cervantes sacará la segunda parte:
—… Pero ¿qué libro es ese…?
—La Galatea de Miguel de Cervantes —dijo el barbero.
—Muchos años ha que es grande amigo mío ese Cervantes, y sé que es más versado en desdichas que en versos. Su libro tiene algo de buena invención: propone algo, y no concluye nada; es menester esperar la segunda parte que promete…
Y no contento con esto, la promesa de continuación todavía se reiterará en la dedicatoria del Persiles “A Don Pedro Fernández de Castro, Conde de Lemos, de Andrade, de Villalba; Marqués de Sarria… (y bla, bla, bla…)":
Si a dicha, por buena ventura mía (que ya no sería ventura, sino milagro), me diese el Cielo vida, las verá, y con ellas fin de La Galatea, de quien sé está aficionado Vuesa Excelencia.
 Al final, murió sin cumplir la promesa.

Portada del Persiles.
Edición Princeps
De los Los trabajos de Persiles y Segismunda no prometió continuación pero sí se refirió a ella en anteriores ocasiones. Fue su última obra aunque con seguridad ya estaba bastante avanzada para cuando acometió la continuación del Quijote. Así se trasluce del prólogo de las Novelas Ejemplares y de la dedicatoria de la Segunda parte del Quijote, en la que anuncia:
Con esto me despido, ofreciendo a V. Ex. los Trabajos de Persilis (sic) y Sigismunda, libro a quien dare fin dentro de quatro meses, Deo volente 
Poco más de los cuatro meses indicados tardó Cervantes en terminar la obra, cuya dedicatoria escribió en Madrid a 19 de abril de 1616, cuatro días antes de su muerte.

Cervantes terminó “El Persiles” apresuradamente antes de morir y se publicó de forma póstuma dos años después de su muerte. Seguramente por eso no prometió continuación, sabedor de que el fin de sus días estaba próximo.


El caso del Quijote. El plagio más sonado de la literatura 

Cervantes escribe El Quijote ante sus dos personajes.
Cervantes escribe El Quijote ante sus dos personajes.
Avenida Arcentales. Madrid
Foto: Carlos Viñas
Difícil de asegurar es que Cervantes realmente tuviera intención de escribir una Segunda Parte del Quijote, pese a declarar al final de la Primera
Pero el autor desta historia, puesto que con curiosidad y diligencia ha buscado los hechos que don Quijote hizo en su tercera salida, no ha podido hallar noticia de ellas, a lo menos por escrituras auténticas: solo la fama ha guardado, en las memorias de la Mancha, que don Quijote la tercera vez que salió de su casa fue a Zaragoza, donde se halló en unas famosas justas que en aquella ciudad se hicieron, y allí le pasaron cosas dignas de su valor y buen entendimiento. 
Y además concluye la obra con una serie de poemas que no son sino epitafios dedicados a las tumbas de los protagonistas: Dulcinea, Sancho y el mismo Don Quijote:
Aquí yace el caballero
bien molido y malandante
a quien llevó Rocinante
uno y otro sendero.
Sancho Panza el majadero
yace también junto a él,
escudero el más fïel
que vio el trato de escudero. 
Así que, aun encontrándonos frente a un final abierto, no parece que Cervantes verdaderamente contemplase la posibilidad de una continuación.

Hasta que el plagio más sonado de la literatura cambió el curso de los acontecimientos.

Primera página del
Quijote de Avellaneda
Un tal Alonso Fernández de Avellaneda, en vista del éxito que tuvo el Quijote de Cervantes, se apropió de los personajes y de las expectativas abiertas al final de la Primera Parte y continuó por su cuenta y riesgo las andanzas del Caballero de la Triste Figura, llevándolo efectivamente a Zaragoza.

Fue en 1614 y el título no deja lugar a dudas sobre sus intenciones plagiarias: Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

De no haber sido por el pérfido “pirata” Avellaneda y “su” Quijote, que circuló como auténtico durante algún tiempo y que gozó de bastante difusión, seguramente el Quijote de Cervantes sería una obra demediada. O simplemente especularíamos con una segunda parte que nunca se escribió.

Visto el plagio, Cervantes se pone manos a la obra para "desfacer" el entuerto, emprende la tarea de continuar él mismo las andanzas de Don Quijote y, como venganza o como manera de diferenciar la copia del original, decide cambiar de rumbo y no llevarlo a Zaragoza.

Pese a todo, sí lo encamina a tierras aragonesas, hasta el punto de que Aragón ocupa la cuarta parte del total del libro, más de 30 capítulos de la segunda entrega y Zaragoza es la ciudad más citada y aludida de toda la novela.

Y se apresuró a hacerlo, pues la auténtica Segunda Parte se publicó pocos meses después del plagio y solo otros pocos meses antes de la muerte de Don Miguel.

Pero héteme aquí que Cervantes decide ir un paso más allá y escarmentar a Avellaneda y a su falsa segunda parte haciendo mención expresa a ella en el capítulo 59 de la verdadera segunda parte.

Hallánse Don Quijote y Sancho en una venta. Se dirigen a sus aposentos para cenar y allí escuchan una conversación proveniente de los huéspedes de la estancia contigua, "que no le dividía más que un sutil tabique":
– Por vida de vuestra merced que en tanto que traen la cena leamos otro capítulo de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha. Apenas oyó su nombre don Quijote, cuando se puso en pie y con oído alerto escuchó lo que dél trataban…:  
– ¿Para qué quiere vuestra merced que leamos estos disparates, si el que hubiere leído la primera parte de la historia de don Quijote de la Mancha no es posible que pueda tener gusto en leer esta segunda?  
– Con todo eso será bien leerla, pues no hay libro tan malo, que no tenga alguna cosa buena. Lo que a mí en este más desplace es que pinta a don Quijote ya desenamorado de Dulcinea del Toboso.

Ilustración del Capítulo 59 de la Segunda Parte  del Quijote
Ilustración del Capítulo 59 de la Segunda Parte
del Quijote donde se describe la escena relatada
Don Quijote, lleno de ira y despecho, les responde desde su aposento, desmintiendo tal despropósito. A lo que sigue una conversación entre los dos caballeros y Don Quijote:
– sin duda vos, señor, sois el verdadero don Quijote de la Mancha, norte y lucero de la andante caballería, a despecho y pesar del que ha querido usurpar vuestro nombre y aniquilar vuestras hazañas, como lo ha hecho el autor deste libro que aquí os entrego.  
Y poniéndole un libro en las manos, que traía su compañero, le tomó don Quijote y, sin responder palabra, comenzó a hojearle y de allí a un poco se le volvió, diciendo  
– En esto poco que he visto he hallado tres cosas en este autor dignas de reprehensión. La primera es algunas palabras que he leído en el prólogo; la otra, que el lenguaje es aragonés, porque tal vez escribe sin artículos, y la tercera, que más le confirma por ignorante, es que yerra y se desvía de la verdad en lo más principal de la historia, (…) y quien en esta parte tan principal yerra, bien se podrá temer que yerra en todas las demás de la historia
La escena continúa con los cuatro personajes compartiendo "mesa y mantel" y con Don Quijote dando nuevas válidas de sus andanzas y de su señora Dulcinea. Y finaliza:
… y aunque quisiera que don Quijote leyera más del libro no lo pudieron acabar con él, diciendo que él lo daba por leído y lo confirmaba por todo necio, y que no quería, si acaso llegase a noticia de su autor que le había tenido en sus manos, se alegrase con pensar que le había leído… 

Venganza cumplida.

¿Se han dado cuenta de que el único libro de caballerías, del que se tiene relato expreso, que realmente leyó Don Quijote, siquiera en parte, fue su propia historia apócrifa?

miércoles, 31 de mayo de 2017

Es Madrid ciudad bravía que entre antiguas y modernas tiene trescientas tabernas y una sola librería.

“Es Madrid ciudad bravía
que entre antiguas y modernas
tiene trescientas tabernas
y una sola librería”.

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Nunca me ha gustado que se celebren, bajo esa denominación, Días del Libro o Ferias del Libro. Prefiero la denominación, que no sé si llegaré a ver, de Día de la Lectura o Feria de la Lectura, porque el libro en sí mismo no es más que un objeto inerte cuyo objetivo final no es su propiedad sino su lectura.

No obstante, las Ferias y Días del Libro sirven, al menos, para arrancarle a la gente el impulso de comprar cultura, sea para regalar, para adornar o para los más diversos usos, lectura incluida.

Según las últimas estadísticas el 39% de la gente no leyó ningún libro en 2015; hay 700 librerías menos en el último año y en una década ha cerrado el 25% de los puntos de venta de prensa, a pesar de que en los últimos 15 años se registra un incremento de 11,2 puntos en la proporción de lectores frecuentes.

Respecto al consumo de vino, producto por excelencia de las tabernas, los datos dicen que aunque el consumo de vino por persona al año ha caído un 15% en 12 años (2000-2012), la última cifra oficial es de casi 20 litros/persona. Este dato nos sitúa muy lejos de Francia, Portugal o Italia, también grandes productores pero mejores consumidores, pues sus índices están en 47, 42 y 37 litros/persona/año, respectivamente.

Como se ve, también en vino (como en lectura) somos mucho más productores que consumidores. Entendiendo, claro está, que tanto el vino como el libro son una parte importante de nuestra cultura.

Pero no he venido hoy a hablar del consumo de libros o de vino, al menos no de la situación actual; sino que libros y vino son el pretexto para mostrarles cómo la relación de los españoles con los libros y con el vino viene de lejos, como ponen de manifiesto las edificantes anécdotas de algunos de los grandes clásicos de la literatura española, relacionadas ellas con el vino, el gusto que por él tenían algunos de ellos y cómo se lo "reprochaban" unos a otros.

Pero antes, déjenme que aporte algunos datos más.


I.-

En Madrid capital había en 2012 casi 18.000 bares y restaurantes, sobre una población estimada de unos 3,3 millones de habitantes. La cifra puede resultar sorprendente, aunque no es, ni de lejos, la provincia con mayor proporción bares/población: ese mérito se lo lleva Cáceres.

Según los datos de 2013, en España hay 269.107 bares o restaurantes.


II.-

Según el censo realizado por la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros, en 2013 había en España 4.336 librerías identificadas, aunque según el INE la cifra podría ascender a más 5.500.

También este dato resulta sorprendente, porque España se sitúa a la cabeza de los países de la Unión Europea en el número absoluto de librerías y en segunda posición en el número de librerías por 100.000 habitantes.

Por desgracia, España también está en los primeros lugares en cuanto a la evolución negativa de este tipo actividad económica, quizá en coherencia con los bajos índices de lectura antes mencionados. Se ve que en España estamos dejando de comprar más libros de los que leemos.

El citado Mapa de Librerías le otorga a la Comunidad de Madrid 517 librerías, tercera posición en el ránking por comunidades autónomas, por detras de Andalucía y Cataluña, aunque proporcionalmente es La Rioja la que tiene mayor ratio de librerías por cada 100.000 habitantes.

No es fácil saber el dato exacto, pero según el índice de Laslibrerias.com Madrid capital tiene un número de librerías que se aproxima a 300.


I + II

Madrid 2013: 18.000 bares, 300 librerías.


III.-

El dato no está mal sobre todo si tenemos en cuenta la situación de comienzos del siglo XVII y que cuenta Néstor Luján en La vida cotidiana en la España del siglo de oro:
en 1600 había en Madrid nada menos que 391 tabernas contabilizadas, según las crónicas de la época.

Y la gente, haciéndose eco de su número, recitaba, sin hipérbole casi, el epigrama
“Es Madrid ciudad bravíaque entre antiguas y modernastiene trescientas tabernasy una sola librería”.
Madrid 1600: 391 tabernas frente a 1 librería. 

Permítaseme añadir, por las dudas, que bravío, dicho de una persona, se refiere a que tiene costumbres rústicas por falta de buena educación o del trato de gentes.

El generoso redondeo "a la baja" del epigrama (de 391 a 300) es, con toda seguridad, una exigencia métrica que no arruine tan sabrosos octosílabos.

Desconozco la exactitud de estos datos y si el epigrama es una especie de chascarrillo satírico que ya a principios en el Siglo de Oro ponía de manifiesto la gran afición de los españoles al vino frente a la cultura, incluidos en el lote algunos de los grandes clásicos de nuestra literatura.

De aquellos años existe numerosa normativa municipal que pone de manifiesto cómo el vino era un elemento fundamental en la actividad mercantil de la ciudad, conventos incluidos, que competían sin rubor en la producción y despacho de tan preciado elemento, y las disputas enconadas que taberneros y monjes mantenían al respecto.

Ya sé que los tiempos han cambiado, que han mejorado mucho la alfabetización y el acceso a la cultura, pero nuestra afición al vino se ve que viene ya de antiguo.


IV.-

La literatura de la época trata muy mal a los taberneros. Las acusaciones más habituales, las de aguar el vino, venderlo lleno de mosquitos y trapichear con él.

Probablemente conocerán el origen de la palabra “tapa”, hoy asociada a una pequeña porción de comida que acompaña cualquier bebida consumida en una taberna, pero que originalmente tenía la función textual de “tapar” el vaso de vino con un trozo de pan o jamón para evitar que cayeran dentro insectos de todo tipo.


Tirso de Molina
• Se ve que a Tirso de Molina el tema le preocupaba porque afirma:
“Cuando pido de beber, agua me traen en la copa y vino me echan encima”.
Y en otra ocasión:
“Aquí llaman taberneros y andan bautizando corderos”.

Lope de Vega
• También Lope de Vega reflexiona sobre la cuestión:
Porque en vinos en Madridlo mismo es agua que vino…por más fuentes que labréismás tenéis en las tabernas.
Y arremete contra los taberneros y sus matutinos tráfagos pecaminosos:
Cuando el mozo del caminoecha cebada a las mulasy los ladrones con bulasaguan la leche y el vino.

Rojas Zorrilla
• Rojas Zorrilla también parodia la situación cuando uno de sus personajes muestra un ensalmo para transformar agua en vino, al estilo de las Bodas de Caná, y otro le replica:
Si ello es vino de Madrid
tan agua será como antes.
Aunque estos versos más iban encaminados a expresar inquina por los taberneros que a criticar las bondades del vino, que no dudaron en ensalzar cuando tuvieron ocasión.


Quevedo
• Es Francisco de Quevedo quien hizo esta declaración de intenciones:
Dijo a la rana el mosquito
desde una tinaja:
«Mejor es morir en el vino
que vivir en el agua».
Y se ve que tampoco le importaba demasiado que el vino tuviera mosquitos, como declara en su soneto Bebe vino precioso con mosquitos dentro:
Liendres de la vendimia, yo os admito
En mi gaznate pues tenéis por soga
Al nieto de la vid, licor bendito.

Tomá en el trazo hacia mi nuez la boga,
Que bebiéndoos a todos, me desquito
Del vino que bebistes y os ahoga.

• Y es de nuevo Lope de Vega el que afirma:
El vino, mientras más se envejece, más calor tiene: al contrario de nuestra naturaleza, que mientras más vive, más se va enfriando.


V.-

Las disputas literarias han sido habituales entre nuestras plumas. Algunas brillantes, otras, lamentables. A su buen criterio dejo calificar de una u otra manera los dardos que se dedicaron mutuamente Pérez Reverte y Francisco Umbral; los que Cela recibió desde diversos frentes; o la broma que le dedicó Valle Inclán a José Echegaray, cuando le mandaba cartas a un amigo que vivía en la calle que le dedicaron al premio Nobel y ponía en la dirección “calle del viejo idiota”. Las cartas llegaban, oiga.

Aunque hay que reconocer que las más meritorias son las que intercambiaron Quevedo y Góngora, por un lado, y Cervantes y Lope de Vega, por otro. Ellos fueron quienes elevaron el insulto a la categoría de literatura.

Pero nuestros clásicos no solo mantuvieron justas de corte literario, sino que, como parte activa de la sociedad del XVII también se reprocharon mutuamente su afición al vino y cuestionaron los méritos conseguidos por sus rivales atribuyéndolos a la ingesta desmedida del derivado de uva.

Casi todos los grandes clásicos castellanos, desde Quevedo a Lope de Vega, tuvieron fama de no hacer ascos al buen vino, hasta el punto de ser calificados como borrachos por algunos “envidiosos” contemporáneos.

• Cuando el Señor de La Torre de Juan Abad (Quevedo) recibió la Encomienda de Santiago, escribió Góngora al respecto:
“A San Trago se debe y no a Santiago”,

• Y en otros deliciosos versos el propio Góngora atacó a sus dos grandes enemigos literarios, con esta ingeniosa diatriba:
“Hoy hacen amistad nuevamás por Baco que por FeboDon Francisco de Que-bebo
y Félix Lope de Beba”.

• Pero como donde las dan las toman, también Góngora recibió lo suyo. Al parecer tampoco le hacía ascos al vino, así que su alter-ego Quevedo le dedicó una sabrosa andanada al referirse a él como
“Sacerdote de Venus y de Baco”

CervantesSeguramente todos hablaban por propia experiencia. Y la “tradición” de asociar a la creatividad literaria la ingesta de bebidas alcohólicas o estupefacientes ha llegado hasta nuestros días en las más diversas variantes.

Pero no puedo terminar sin aconsejarles que no olviden seguir los sabios consejos que los clásicos dejaron escritos sobre el vino:

• como dijo el propio Quevedo:
“Para conservar la salud y cobrarla si se pierde, conviene alargar en todo y en todas maneras el uso del beber vino, por ser, con moderación, el mejor vehículo del alimento y la más eficaz medicina”.

Y en boca de Don Quijote, Cervantes recomienda a Sancho Panza sobre su afición al vino:
“Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado, ni guarda secreto ni cumple palabra”.
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La lectura en España. Informe 2017.

viernes, 19 de mayo de 2017

El primer detective de la literatura

Edgar Allan Poe cambió la historia de la literatura al escribir el relato Los asesinatos de la Rue Morgue, y da vida en él al caballero Auguste Dupin, reconocido unánimemente como el primer detective de la literatura, y que sienta el precedente de todos los que le siguieron después.

Aunque heredero de toda una tradición literaria anterior, Dupin es el primero que utiliza técnicas de investigación modernas, científicas y basadas en la deducción racional, lejos de los obsoletos métodos preexistentes, que carecían de todo rigor analítico.

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Desde la antigüedad clásica hasta nuestros días, pasando por las literaturas de prácticamente todas las culturas, son numerosos los sucesos que fueron merecedores de investigación por parte de alguna mente audaz.

Edgar "a poet" Allan PoeY muchos son los detectives e investigadores que han nacido en las páginas de obras literarias del más variado pelaje: desde reyes griegos a miembros de cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, pasando por héroes épicos, príncipes orientales, detectives profesionales, investigadores aficionados, viejecitas venerables, monjes y sacerdotes, periodistas, escritores…

El género policiaco cobra carta de naturaleza en el siglo XIX, aunque son numerosos los antecedentes que pueden considerarse de una forma u otra como relatos o pasajes detectivescos. Y el cine y la televisión han contribuido de forma notable a mitificar a sus protagonistas.


• Pero ¿qué se entiende por novela policiaca o relato detectivesco?

Este género presenta algunas características comunes a todas las obras y autores que a él pertenecen: alguien que investiga un suceso, normalmente luctuoso y/o cruento; acontecimientos que suponen una grave infracción de la “legalidad” vigente; ambientes sociales convulsos y cierto nivel de conciencia crítica respecto a la realidad en la que tienen lugar los acontecimientos. Y, por supuesto, algunas oportunas casualidades y confesiones inesperadas.

Pero no pretendemos hacer un estudio canónico del tema, sino trazar una breve semblanza de los antecedentes, origen e influencia en la literatura del, acaso, género de mayor éxito en la actualidad.


• Antecedentes

Siglo V a.C. Sófocles. En su tragedia Edipo rey, el protagonista descubre la terrible verdad sobre sus orígenes y desvela el misterio de un asesinato y de un caso de incesto. Los métodos que utiliza para resolver el caso no se pueden calificar de científicos pero no cabe duda de que estamos ante un claro ejemplo de investigación detectivesca, aunque los resultados no fueran los que el protagonista esperaba.

Siglo I a.C. La Eneida. En el libro VIII de esta obra de Virgilio, el “terrible medio humano” Caco protagoniza un ingenioso robo, resuelto en buena lid por la pericia del héroe de turno. Este ladrón mitológico es el que da origen a la expresión “la Cueva de Caco”, por ser allí donde escondió lo robado, y al término “caco” como sinónimo de ladrón que roba con destreza: condujo a su cueva a las cuatro parejas de bueyes que había robado arrastrándolos de espaldas por el rabo, para que no dejaran huellas nuevas que condujeran a su escondite.

Cuento "Las tres manzanas" de Las mil y una nochesEdad Media. En las decimoctava y decimonovena noches de Las mil y una noches, Scheherezade relata un suceso misterioso y cómo se resolvió. Se trata del cuento Las Tres Manzanas, que desvela en pocos días el crimen de una joven que aparece “muerta y despedazada” dentro de un cofre sacado del río por un pescador. De nuevo, encontramos todos los ingredientes de una investigación con intrigas, mentiras y verdades ocultas.

El cuento tradicional persa Los tres príncipes de Serendip, narra, en el siglo XII, cómo los tres hijos del Rey de Serendip (la isla de Ceilán, actual Sri Lanka) son enviados por su padre a conocer otras tierras y otras culturas, y cómo, gracias a su ingenio, van descubriendo cosas que no buscaban, hasta desvelar, no sin pasar por diversos contratiempos, el misterio del robo de un camello en Persia.
Este relato es el origen del término Serendipia, que se aplica para referirse a un descubrimiento o hallazgo afortunado o inesperado, que se produce como consecuencia de la sagacidad, cuando se está buscando una cosa distinta.

Siglo XVIII. Un tal François Marie Arouet, más conocido por su pseudónimo como uno de los padres de la Ilustración, Voltaire, escribe una obra titulada Zadig o el destino. Este personaje, que lo único que persigue es la felicidad, se ve envuelto en mil y una peripecias y tiene que desentrañar numerosos entuertos para poder conseguir su objetivo.

Eugène-François_Vidocq
Eugène-François_Vidocq
Y llegamos al siglo XIX y a un personaje real, fundamental para el devenir del género literario que nacería inspirado en él. Se trata de Eugène-François Vidocq, individuo de pasado delictivo, reconvertido en investigador privado y finalmente fundador y primer director nada menos que de la Sûreté Nationale, la Policía Nacional de Francia. La peripecia vital de Vidocq sirvió de inspiración a Víctor Hugo para trazar el perfil de Javert y Jean Valjean, principales protagonistas de Los Miserables.

Pero, sobre todo, Eugène-François Vidocq fue el modelo en que se basó Edgar Allan Poe para crear a Auguste Dupin, el primer detective de la literatura mundial.


• Edgar Allan Poe y el Chevallier Auguste Dupin

Facsimil del Manuscrito de  "Los asesinatos de la Rue Morgue" de Allan Poe
Facsimil del Manuscrito de
"Los asesinatos de la Rue Morgue" de Allan Poe
1841. Estados Unidos. Allan Poe, Edgar “a poet”, como él prefería que le llamaran, le da una nueva vuelta de tuerca a la historia de la literatura. Escribe el relato Los asesinatos de la Rue Morgue, y da vida en él al caballero Auguste Dupin, reconocido unánimemente como el primer detective de la literatura, y que sienta el precedente de todos los que le siguieron después. Dupin es el primero que utiliza técnicas de investigación modernas, científicas y basadas en la deducción racional, lejos de los obsoletos métodos preexistentes, que carecían de todo rigor analítico.

Por desgracia, Dupin no apareció más que en tres relatos: el mencionado Los asesinatos de la Rue Morgue y sus secuelas, El misterio de Marie Rogêt y La carta Robada.

Poe murió joven y sin ser consciente de haber inventado un género literario. Las andanzas de Dupin son anteriores, incluso, al uso del término detective. Ese mérito corresponde a Charles Dickens, que fue el primer escritor en utilizar esa palabra en sus novelas.

Poe describió a su protagonista como un hombre de gran talento, inteligencia y sagacidad, así como poseedor de una gran intuición; de carácter esquivo, es capaz de adentrarse en la mente del criminal y de adivinar los pensamientos de los demás siguiendo una lógica deductiva. Sus dotes de observación le hacen reparar en aspectos que han pasado desapercibidos: detalles insignificantes, el lenguaje corporal, datos relevantes escondidos en un rutinario informe o la contradicción oculta en una distraída palabra pronunciada a destiempo.

¿A que les resulta familiar?


• Herederos 

Después de Auguste Dupin, innumerables personajes han visto la luz tomando como modelo las características establecidas por Poe para su detective.

Sherlock Holmes
El primero y más importante, Sherlock Holmes. El propio Conan Doyle reconoció esta deuda cuando el Dr. Watson compara a Holmes con Dupin en Estudio en escarlata, primera aparición de la famosa pareja. ¿Cómo creen que responde Holmes a este aparente piropo?: “no hay duda de que crees que estás halagándome... En mi opinión, Dupin era un tipo bastante inferior”. Una respuesta “muy Holmes”.

No obstante, fue Conan Doyle el que escribió: “¿Dónde estaba la historia de detectives hasta que Poe le insufló vida? Auguste Dupin en el primer detective de la historia”.

También Sergei Eisenstein, el director una de las mejores película de la historia, El acorazado Potemkin, afirmó: "Las primeras fórmulas clásicas de la novela policiaca son de Edgar Allan Poe. Todas las demás cosas de este género parten de Poe".

En las décadas posteriores y hasta nuestros días, más de siglo y medio después, el elenco de detectives e investigadores es enorme, sus personalidades y peripecias diversas y sus métodos más o menos refinados. Pero todos ellos tienen como origen común al Dupin de Poe.

La nómina incluye, sin ánimo de profundizar:

Sam Spade, de Dashiell Hammett, interpretado por Humphrey Bogart en la versión de El halcón maltés dirigida por John Huston.

Philip Marlowe, el poeta y bebedor detective privado creado por Raymond Chandler y continuador de la tradición iniciada por Hammet en la novela estadounidense.

H. Bustos Domeq: Borges y Bioy Casares
Isidro Parodi, el perspicaz recluso creado por H. Bustos Domeq, pseudónimo bajo el que se ocultaban los genios de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares.

Hercule Poirot y Miss Marple, de Agatha Christie.

Porfiry Petrovich, personaje de Crimen y castigo de Dostoevsky.

El ínclito James Bond, de Ian Fleming.

Rick Deckard, el detective protagonista del relato Sueñan los androides con ovejas eléctricas, de Philip K. Dick, llevada la cine como Blade Runner.

Elijah Baley, el detective de la serie de Robots de Isaac Asimov.

Jules Maigret, el comisario francés de Georges Simenon.

El inspector de policía Dick Tracy, de Chester Gould, que comenzó sus andaduras como tira de prensa.

El Padre Brown, sacerdote católico de gran agudeza. Fue creación de G. K. Chesterton, y está inspirado en un personaje real, de gran influencia en el propio Chesterton.

Hanshichi, astuto inspector creado por Okamoto Kidô, personaje inspirado en Sherlock Homes, cuya arma es únicamente su ingenio.

Guillermo de Baskerville en "El nombre de la Rosa"
Guillermo de Baskerville, el altivo e intrépido monje franciscano protagonista de El nombre de la Rosa de Umberto Eco. Su apellido es un evidente guiño a uno de los casos del personaje en que se inspiró.

Mikael (Kalle) Blomkvist y su compañera Lisbeth Salander, de la Saga Millenium de Stieg Larsson. Su nombre de “Kalle” Blomkvist es también un homenaje al niño-detective que aparece en varias novelas infantiles de Astrid Lindgren.

También la literatura española tiene sus productos propios: El Pepe Carvalho del antes “novísimo” Manuel Vázquez Montalbán; Daniel Ros Martí, periodista y profesor, que aparece en las obras de Jordi Sierra i Fabra; o la creación de Lorenzo Silva: Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro.

Muchos han acabado de una forma u otra en el cine; incluso nacieron allí, como el Inspector Clouseau, de Blake Edwards. Otros le deben la vida a la televisión: ¿recuerdan a Kojac, Colombo, el CSI, Richard Castle, El mentalista, Jessica Fletcher, el Inspector Gadget, Scooby Doo…?

Pero todos son herederos del genio del narrador que quiso ser poeta: Edgar Allan Poe y su Auguste Dupin.

Permítanme terminar com una curiosidad: Violet Strange tiene el honor de ser la primera detective de la historia de la novela policíaca. Apareció en la novela The golden slipper, publicada en 1915, de la norteamericana Anna Katharine Green.

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Para saber más: 
Los detectives más interesantes del cine y los libros.
La evolución del detective en el género policiaco.
Mis detectives favoritos.
Especial detectives, en serienegra.es
Detectives literarios.
Novela policíaca. Guía de recursos bibliográficos.
Poe no inventa el cuento y el delito; al detective tampoco.
Las mil y una noches: Las tres manzanas.
Sófocles: Edipo Rey.
Virgilio: La Eneida.
Voltarie: Zaig o el destino.
Anna Katharine Green: The golden slipper, and other problems for Violet Strange
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